Después de salir del retiro, me trasladé a la ciudad de Managua, específicamente a Las Brisas, donde vivía la familia de mi novia, ese domingo al llegar a la parroquia de la misma barriada, nos recibieron como unas 500 o 600 personas, ahí se dio oportunidad de dar testimonios, recuerdo que en el retiro había un lanzador de jabalinas que se hizo buen amigo y pasó a dar su testimonio y al terminar se dirige al publico mirándome a mí y dice, me gustaría que mi amigo el panameño pase y de su testimonio, yo era muy tímido en estas cosas, pero como iba impactado por lo vivido accedí y pasé, los nicaragüenses hablan muy lento y los panameños hablamos rápido y cuando estamos emocionados más todavía, así que yo iba con toda la intención de dar mi testimonio, pero solo pude decir una palabra y rompí a llorar, tal fue el llanto que pasaron dos personas a orar por mí para que me tranquilizara, cuando finalmente pude hablar ellos no me entendieron nada de lo que dije, pero el recibimiento fue muy cálido.
Esa noche después de conversar un poco sobre lo ocurrido con unas primas y primos de mi novia, me fui a dormir, no sufro de insomnio, pero cuando estoy alegre, eufórico o preocupado no me puedo dormir, bueno esa noche no me podía dormir, como a las 11:00 p.m. me estaba quedando dormido y de repente sentí la presencia en la habitación de algo que no vi pero salí disparado hacia la sala de la casa, en ese mismo momento salían mi novia y sus primos también en estampida, todos con un miedo muy grande, ellos contaron que como habían unido dos camas y dormían 3 primas juntas, la que estaba en el medio era mi novia, ella sintió una pisada en el lado derecho de la cama, pensó que era su prima que se había levantado, pero cuál es la sorpresa que nunca ponen la otra pierna al lado izquierdo de ella, ya que su prima estaba contra la pared, en ese instante comprendieron que era algo anormal y salieron disparadas también, bueno toda la noche la pasamos orando, esa fue mi primera experiencia con las fuerzas del mal, al otros día pudimos hablar con varias personas que habían ido al retiro y muchos experimentaron lo mismo.
No pude volver al cuarto a dormir ninguno de los 8 días que permanecí en esa casa, desde ahí el Señor puso en mi mente el deseo de la oración, y ha permanecido hasta el día de hoy.
Sigo después
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