VIDA DE AMOR Y FE

Mi nombre completo es Eduardo Augusto Taylor Henríquez, nací en la ciudad de Boquete, provincia de Chiriquí en la república de Panamá, un 4 de junio de 1961. A los 22 años tuve mi experiencia de fe en el centro de retiros espirituales, El Tepeyac, en Granada Nicaragua, en tiempos del régimen sandinista de liberación nacional por sus siglas (FSLN), régimen socialista, yo era en ese entonces un joven estudiante en San José , capital de Costa Rica, y fuí a Nicaragua de paseo, este fue el inicio de una vida de fe que voy a ir narrando, esto ocurrió en 1983 y hoy en día marzo de 2011, estoy firme en mi fe, gracias a la Gracia de Dios valga la redundancia, y puedo decir con convicción, he corrido bien mi carrera he mantenido la fe, solo y gracias a mi mirada en la Santísima Trinidad a la cual doy la gloria y el honor en mi relato.







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jueves, 31 de octubre de 2013

LA VERDADERA VOLUNTAD DE DIOS REVELADA POR EL ESPÍRITU SANTO

En esta ocasión quiero analizar el verdadero rostro de Dios y también su verdadera Voluntad,  la revelada por El Espíritu Santo a través de Jesús nuestro Señor,  a nuestros corazones.

En mi vida de fe la cual he ido relatando poco a poco,  he abordado este tema,  la Voluntad de Dios.   El mismo está en constante evolución,  como debe ser,  en la vida de fe de todo hijo de Dios,  por ser ese Dios Infinito relatado en los últimos escritos.

En toda vida,  donde se busque una experiencia de fe,  la clave es la oración,   ¿por qué digo la oración?  Porque en esos momentos,   se fortalecen primero que todo,  la fe,  la esperanza y la caridad,   pilares en la vida de todo creyente.  Las dos primeras,  son el preámbulo de la mayor que es la caridad o mejor dicho el amor. 

La fe entra por el oír,  pero el oír la palabra de Dios,  mediante la lectura asidua de la biblia,  el único libro que tiene la peculiaridad de leernos a nosotros.  Por la lectura de la palabra de Dios,   nace la esperanza,  ¿esperanza en qué?  En que las promesas y vivencias de Jesús,  de sus apóstoles,   profetas y demás servidores,   nos lleven a convertirnos en testigos,  ¿testigos de qué? de Su Amor;  llegar ahí es el santo Grial que todas las culturas andan buscando,  pero que nunca encontraran,  si no son guiados por estas tres normas.

Por eso en el inicio de mi más productivo tiempo de vida en el espíritu,   que es este que estoy viviendo,   empieza con una pregunta y a la vez un deseo.  Mi pregunta: ¿Por qué la gente cuando pide al Señor,  ser sanados de alguna enfermedad,  u otra petición,  al no recibir respuesta,  llegan muy fácilmente a la siguiente conclusión: ¡esta no es la Voluntad de Dios!, ser sanados por su Poder?  Entonces van a los médicos,   para recibir a través de ellos la tan anhelada sanación. ¿Cómo supiste que Dios no te quería sanar?,  muchos dicen que la medicina es de Dios,  yo me atrevo a decirte que no,  ya que los primeros médicos de la época se originaron en Grecia,  que era pagana.  Hasta un juramento hipocrático se recita antes de ser graduados,  y este viene de Hipócrates.   Para mí la medicina es el producto del alejamiento del hombre de Dios,  es producto del vivir sin Dios.  Pregunta cuando Jesús fue a un médico,  me dirás quizás,  bueno Él era Dios,  y Él mismo se aplicó la frase “médico cúrate a ti mismo”  o sea que era considerado un médico,   pero su profesión la impartió por Amor y nunca cobró un centavo.

Sin embargo no puedo negar que por la dureza de nuestro corazón,  Él la use ya que su Misericordia,  solo tiene un propósito y es el Amor.  El deseo que es lo segundo,  era de hablar bien de cómo es en realidad el Amor de Dios.   Pero siguiendo el ejemplo Jesús.

Jesús reveló muchas veces,  la Ternura de Dios,  ejemplo: las lágrimas afuera de la tumba de Lázaro,   además cuando se conmovió,   ya que Su Padre revelaba todas esas cosas a los pequeños y se los había ocultado a los entendidos y sabios;   además de tantas y tantas sanidades,  liberaciones,  resucitaciones de muertos,  todo para la Gloria de Su Padre.

Si,  Jesús todo lo que hacía era para revelarnos la Ternura de Dios,  y culmina con la mayor de las Ternuras,  dar Su Vida por el rescate de la nuestra.

Su vida fue solo una revelación del Dios cercano,  dándole además una connotación más amplia al llamarlo,  Padre o ABBA,  que quiere decir Papito.

¿Ustedes creen que Jesús habló por hablar?   Todo en Jesús transmitía Ternura,  “les he venido a transmitir lo que he oído decir a Mi Padre”.

Lo anterior reflexionado es para dejar caer la papa caliente.   Voy  a abordar algo (antes de decirles lo fundamental de este tema).  Esta semana mí hijo sufrió un raro tipo de alergia,  4 médicos le atendieron y ninguno dio con la enfermedad,  en dos ocasiones le pasé la mano por el cuello,  ya que en su garganta,  estaba concentrada la mayor cantidad de aftas,  que no le permitían tragar nada,  ni líquido.  Le dije,  hijo te voy a pasar la mano por tu cuello en el nombre del Amor de Dios;  bueno así como llegó la enfermedad sin aviso,  hoy domingo,  está como si nada hubiera pasado.  A mediados de la semana,  escuché decir a mi esposa al ver la desesperación de su hijo,   “si yo pudiera cambiarme por él lo haría”.   Este es el motivo de mi reflexión.

En este tiempo fuerte,  una cosa que he podido comprobar,  de una manera increíble,  es el Amor que Dios siente por sus hijos.

Al escuchar lo que dijo mi esposa sobre la enfermedad de nuestro hijo;  el haber comprobado el auxilio del papá de mi esposa,  en cualquier situación difícil de sus hijos,  también el haber vivido en carne propia lo que es capaz de hacer mi papá y mi mamá por mí.  Además lo que hace cualquier padre de este mundo por sus hijos.    En los hogares latinos,  y sé que en todos donde haya amor por sus hijos,  la madre o el padre si tienen  poca comida,  la dan a sus hijos aunque ellos se queden sin comer;  en situaciones de muerte,  muchos de ellos se ofrecerían en lugar de sus hijos.  ¿Por qué lo harían?  Porque los aman.

Me hice un examen de  sangre por inspiración personal,  dando como resultado,  el azúcar  alto,  triglicéridos altos,  colesterol alto,  el HDL y LDL solo son los que están normales.  Esto lo hice para verificar,  ya que había sentido unos 7 meses atrás,  en una visita al Santísimo que Él me decía,  “recuerdas cuando dije que el que crea en mí aunque coma veneno no morirá,  bueno eso que comes es puro veneno,  colesterol,  azúcar,  triglicéridos etc.”.  Entonces desde esa ocasión la bendición de los alimentos los empecé a hacer en esa dirección;  y empecé a bajar de peso  y me siento bien de salud.  Pero con estos resultados,  parece que la cosa no está nada bien además, muchos me dicen,  cuidado.  No quiero ser terco,  pero sigo el impulso de mi corazón.   Esperar en mi Señor y no preocuparme.

Al escuchar decir a Jesús,  del verdadero Amor de Dios,  al decir “todo lo que pidan en mi Nombre al Padre,  se les concederá”,  además ver cada pasaje en que el Señor se encuentra con cojos,  leprosos,  ciegos,  sordos,  mudos,  paralíticos,  posesos, personas fallecidas,  tempestades,  necesidades de alimento como en la multiplicación de los panes y los peces,  cuando caminó sobre las aguas,  pero sobre todo… el anuncio de que El Reino de Dios está cerca.  Él mostro siempre a un Dios Amoroso y Tierno,  haciendo el bien y mostrando su Ternura.

Por todo lo antes dicho,  siempre me pregunté,  entonces ¿por qué  esas cosas no ocurren más frecuentemente en estos tiempos?,  sobre todo en la Eucaristía,  al Comulgar,  ya que en esa Comunión está el mismo Jesús que caminó por Judea y que a todos sanó.  Un hermano me dijo una vez que Jesús no sanó a todos,  y es posible que sea así,  pero a todos los que le buscaron y se encontraron con Él,  suplicando,   tuvieron su respuesta inmediata.

No puedo aceptar,  mi intención no es ser soberbio,  que Dios sane a unos y a otros no,  no lo cuestiono,   pero no lo entiendo.   Esta es la incógnita que ha estado en mi mente desde hace muchos años.  Si Dios es el mismo ayer hoy y siempre,  ¿por qué no sucede esto en toda ocasión?

Con la vivencia en mi corazón,  de la paz,  el sentir y poder contemplar las Ternuras de Dios,  no puedo dejarme llevar por el sentimiento de que Dios esté de acuerdo o que permita por ejemplo el cáncer,  el Sida,  tantas enfermedades sicosomáticas,  situaciones financieras,  desempleos y demás.  Todas ellas son producto del alejamiento de Dios,  el pecado.   La paga del pecado es la muerte,  en esa condición,  somos esclavos del rey del pecado, Satanás,  el a su paso deja ruina,  devastación,  miseria,  todo tipo de males,   pero una vez que has reconocido toda tu miseria y eres lavado por la Sangre del Cordero de Dios,  Jesús de Nazaret,  el mal deja de tener control en tu vida.  Ya lo dijo San Pablo,  somos justificados (los redimidos claro está),  y ya no somos esclavos de la ley,  ahora somos juzgados por la Misericordia,   es decir el Amor de Dios,   para éstos ya no hay condenación.

Por la ley nadie se salvaría,  Él único que se sometió a la ley y fue encontrado digno (como lo dice el Apocalipsis) fue Jesucristo de Nazaret,   digno de abrir los Sellos.  Entonces por Su Sangre y Sacrificio,  somos lavados,  y lo lavado,  está limpio.  Entonces,  ¿por qué nos dejamos esclavizar por enfermedades de muerte,  que son la consecuencia del pecado,  si ya hemos sido justificados y liberados por esa Sangre Redentora?

En otro pasaje El Señor dijo,  vayan y aprendan lo que quiere decir misericordia quiero y no sacrificio.

Yo respeto mucho lo que los hermanos santos han experimentado y les aplaudo, en cuanto a sus experiencias místicas,  sobre todo con el asunto de las enfermedades;  pero yo no soy igual a ellos,  ellos eran únicos e irrepetibles  como lo soy yo.   El catecismo de nuestra iglesia dice que hay que obedecer la voz interior de nuestra conciencia y el no obedecer esa voz se considera un desacato a la ley del Amor de Dios.   Pues la voz en mi corazón,  me dice que algo está mal,  al ofrecer en mi vida claro está,  una enfermedad a Dios por la liberación de otro.  Mi sacrificio no puede redimir nada en mi vida,  ya que de ser así,  no hubiera necesitado de la Sangre Redentora de mi Señor.  El pagó la deuda  de la ley,  para que yo tuviera acceso al Reino de Dios.  ¿Acaso puede haber otro sacrificio?

Quizás ustedes me dirán,  bueno y la cruz a la que se refirió Jesús al decir “el que no tome su cruz y me siga,  no es digno de mí”.   Pienso que la cruz que debemos llevar no está clara para muchos cristianos,  unos piensan que la cruz,  por ejemplo es: mi matrimonio,  otros que el trabajo,  otros que la escases,  otros las enfermedades,  y así un sin número de situaciones en tu vida.  ¿Te has puesto a pensar cuál fue la cruz que llevó a Jesús a la muerte?    Te aseguro que ninguna de las anteriores,   ya que estas situaciones son consecuencias  del mayor pecado del hombre,  la duda,  y el alejamiento de  ese Dios Amor.   Así que la primera carga de la cruz de Jesús,  fue para restaurar nuestro destierro,   que fue tu elección y la mía.   Crees que su Sacrificio surtió efecto,   entonces si eso es una realidad,   ya no eres más reo de muerte por eso.  Y así sucede con todos los otros pecados.

La lectura que el evangelio avaló este domingo 27 de octubre de 2013.   Me hace sentir como el publicano,  he reconocido mi condición de pecador y sé que solo la gracia me dará las credenciales necesarias para un día ver el Rostro de Dios,  en calidad de hijo.  

En este momento aborrezco lo que el pecado me quitó.   Por eso he aceptado ser redimido por la Sangre de mi Señor Jesús.   Pero sé que todavía tengo algún tipo de dependencia de este mundo,   ahí entonces es donde veo mi cruz;   mi cruz es la tentación que me hace ver mi miseria,  el sentir el Amor de Dios y todavía no poseerlo,  mi cruz es ver el rechazo que hay a las cosas de Dios,  mi cruz es ver a pastores de mi iglesia que solo son conocimiento,   y a la hora de amar y apacentar sus ovejas,   no lo hacen,  mi cruz es participar en El Gran Milagro de la Confesión y la Eucaristía y salir como si nada hubiera ocurrido,  mi cruz es orar por una persona y sentir el Amor liberador de Dios en mi corazón,  pero que el enfermo siga en su cama…   mi gran cruz es no ser como Jesús.

Después de tanto sentir el Amor de Dios en mi corazón,  pero no poderlo palpar con mis ojos,  y ver pocos resultados palpables en mi vida;  y no haber perdido mi fe,  aunque pareciera una contradicción,  es una prueba fehaciente de que Él me ha llevado en sus Brazos,  y que está actuando y guía mi vida. 

Hermanos yo he sentido la Ternura de Dios.  Un día le dije en mi oración ante el Santísimo,  Señor te me has ocultado a mi vista,   pero no en mi corazón.    Por eso hermanos he necesitado mucha oración,  para que esa llama se mantuviera encendida,  ya que el fuego que no se aviva,  se apaga.  Esa es una verdadera vida de fe,   ya que la definición de fe,  es: “la certeza en lo que no se ve”;  soy un testigo en esto.

Uno día le dije al Señor,  no permitas que sienta compasión por mis hermanos  que sufren,  ya que esa compasión me lastima,   porque  aunque quiero ser instrumento Tuyo para que sanen,  no ocurre.   Sé por qué no ocurre,    porque no soy como Tu,  y sé que esto te lastima,   pero a la vez también sé,  que toda esa vivencia tiene una razón de ser,  me estás preparando para un día poder ser como Tu.

Hermanos no es presunción querer ser como Jesús,  esa fue y debe ser la meta de todo cristiano.  Tengo muy claro,  el ser como Jesús no es ser Jesús,  si pretendiera ser Jesús,  sería reo de condenación.  Nunca he buscado protagonismo en mi vida de fe.   Mi interés es,  dar la Gloria al Padre como lo hizo Jesús.

Somos hijos de Dios,  herederos del Reino,  derecho adquirido gracias a la Gracia,  valga la redundancia,  lavados por la Sangre del Cordero de Dios Jesús de Nazaret,  con el beneplácito del Padre Celestial,  gracias al Poder del Espíritu Santo,  ese es el verdadero Poder de Dios.

El Señor dijo: “mi pueblo se muere por el no saber”,  ¿no crees hermano que el Señor quiere que sepas algo más?   Sé que hay hermanos que leerán esto,  y además viven en naciones donde hay reyes y reinas y eso los hace testigos de lo siguiente,   ninguno de los hijos de un rey,  pasan necesidad,   si llegan a pasar necesidades,  es por insubordinados,   pero si son leales a su rey en la figura de padre o madre,   son tratados con dignidad.   Nosotros somos hijos de un Rey;   que si que Reina,  sobre todo lo que hay en la tierra;   pero su Reino está en el corazón del hombre.   Esto me emocionó al leerlo,  en los escritos que El Señor nos diera por medio de Luisa Piccarreta.  Hermano si tú supieras las pocas personas que han vivido y poseído la Voluntad de Dios,  desde la creación del hombre,  te escandalizarías.  Ellos han sido:  Adán y Eva,  los primeros,   antes  de la caída,  después hasta Jesús,  solo una mujer llegó a ese estado,  ella fue La Virgen María,  por eso ella es la Reina de la Divina Voluntad,   no hay una criatura más hermosa que ella,  sin embargo no brilla con luz propia,  su Luz es Dios,  en total posesión de su corazón,  Dios Trino.  Después de ella,  Luisa Piccarreta, por eso es llamada la pequeña hija de la Divina Voluntad.   Todos los demás santos dieron inicio a infinidades de santidades,   pero la santidad de Santidades es vivir y poseer la Voluntad de Dios,   ese es el destino final,  que no es para después de la muerte y salida de este mundo,   sino para vivirlo desde aquí,  para la Gloria del Padre. 

Estamos a punto de empezar una nueva era,  pero no la basura que está propagando Satanás (New Age),  con esa tendencia quiere robar,  lo que sospecha que está preparando nuestro Dios.     Él Señor ha estado preparando a muchos hombres y mujeres para este gran salto.   Si al leer esta reflexión sientes algo en tu corazón que hace “clic”,  no es un infarto…   es una señal que tu eres uno de esos candidatos.   No te confundas,  todos somos candidatos,  pero solo los que le acogieron serán llamados hijos de Dios,  eso se aclara muy bien en la santa biblia.

Termino diciendo,  la creación entera espera la manifestación de los hijos de Dios,   pero no al final,  en su segunda venida,   cuando ya será tarde para muchos,  es ahora,  para que muchos se puedan salvar a través de nuestro testimonio,  como hijos de la Divina Voluntad. 

Dios les bendiga y premie con el deseo de vivir y poseer su Divina Voluntad.  Porque ese es su Deseo.

4 comentarios:

  1. Muchos santos tuvieron enfermedades permitidas por Dios y que ofrecidas por ellos tenían un gran valor de redención.
    Mira este vídeo de un sacerdote.

    http://www.youtube.com/watch? v=v9Z6PAaEa04

    Dios te bendiga.

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  2. Estimado(a) Anónimo(a):
    Es correcta tu observación, además en la intimidad de fe de cada persona, no debe uno involucrarse o descalificar alguna vivencia, ya que son como la huella digital, ninguna se parece a otra, quizás son similares, pero nunca idénticas, por eso digo que respeto mucho a mis hermanos los santos y sus vivencias, sin embargo estas conclusiones expresadas en este escrito han sido producto de mucha meditación a la luz de la palabra de Dios. Hay muchas cosas más, que en la intimidad de mi oración he sentido que me ha dicho el Señor, pero que todavía no puedo ni debo publicarlas, ya que están sometidas a validaciones a la luz del Amor de Dios.

    Todos estos escritos son producto de la relación de un Padre con su hijo. Están fundamentados en la relación amorosa.

    Gracias por tu comentario, que Dios te bendiga y premie con el fruto del Amor, su Paz.


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    1. Hola,
      Muy interesante tus apreciaciones.
      ¿no escribes mas Eduardo?
      Bendiciones.

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    2. Estimada hermana Ana:
      Por el momento estoy bajo fuego, y cuando esto ocurre tengo mucho cuidado con mis conclusiones, ya que si has leído mis escritos, todos llevan implícitos las consolaciones del Señor. Algo que me tiene siempre en constante expectativa es la paz que tengo en mi corazón, la misma no es producto de una ilusión, ya que permanece constante.

      Gracias por escribir, mi intención es la de compartir mis vivencias, pero sobre todo hablar bien de ese Dios infinito que nunca comprenderemos a plenitud en esta vida, pero si no le ponemos límites iremos descubriendo su gran misterio de Amor, hasta el día de nuestra completa liberación.

      Dios te premie con el fruto de Su Amor, la paz del corazón.

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