Hace ya bastantes días que no escribo, pero siempre estoy en constante revisión y reflexión de los acontecimientos vividos.
Siempre lo he dicho y lo ratifico, la biblia es el único libro que nos lee a nosotros. Esto es así porque parte de ella es revelación profética y desde Jesús para acá es generada por las vivencias de sus discípulos. Así que como discípulo estoy en comunión con las revelaciones y vivencias que se escribieron en ese libro tan hermoso.
Por eso al escribir me refiero a lo que acontece en mi diario vivir como lo hago siempre. En estos últimos días he experimentado la hostilidad por la que tienen que pasar todos los cristianos. La constante agresión por ser hijos de Dios, esa agresión es tan sutil que para detectarla debemos estar muy alertas y ser como esas ovejas que aunque muchas veces no se dan cuenta de lo que acontece a su alrededor, su sentido de la audición está tan afinado que nunca confunden la voz de su pastor.
Ya les he contado que tengo muchos años participando en mi parroquia, primero como ministro extraordinario de la comunión, después, misionero y catequista. Participé en la misión nacional en Panamá allá por el año 1988, cuando se inició la misma preparando la conmemoración de los 500 años del descubrimiento de América. Dicha misión empezó en la región conocida como Azuero, que comprende las provincias de Herrera y Los Santos. Fui enviado a una región de la provincia de Herrera, en la comunidad de Ocú, en un lugar de las montañas llamado, El Limón de Tijera.
En esa comunidad vivían muchos campesinos, que para llegar a los poblados cercanos tenían que recorrer grandes distancias. En esa ocasión después de mucho caminar, llegamos aproximadamente a la una de la tarde, cuando arribamos me percaté que no había llevado papel higiénico y los habitantes del lugar me dijeron que había que caminar como dos horas para llegar a la tienda como le decimos en Panamá, (no es más que un lugar donde se venden productos de la canasta básica, como arroz, aceite, frijoles etc). Después de recorrer esa distancia, me encontré con que ellos no usan papel higiénico, en su lugar usan diferentes hojas para realizar la labor de limpiado cuando se va al baño, bueno eso es si existiera el baño, ellos no tienen ni letrinas de hueco. Tengo rechazo a encontrarme con reptiles y las culebras son la prioridad, y en ese sitio hay muchas, así que pasé tres días que nada de deseo del ir al baño, pero como nos daban tanta comida, al tercer día mi organismo ya no pudo retener más, de ahí en adelante iba hasta tres veces al día.
Mi oración siempre era pidiendo protección. Bueno para cerrar el tema, no vi ninguna serpiente en 14 días que duró la misión.
A lo que quería llegar con esta introducción es al asunto de la relación con los semejantes. Una vez leí una frase del marxismo leninista que decía, el hombre era el reflejo del medioambiente que le rodea, o sea que si vives aislado, no estarías bajo ninguna influencia como lo están en las ciudades. Pero nada más apartado de la realidad que esto. Los habitantes de esa región eran personas muy amables, pero entre ellos había amenazas hasta de muerte. Lo digo porque uno de ellos me lo confesó luego de un tema donde se habló de la importancia del perdón, cuando salimos de la misión, quedó un habiente de reconciliación, o sea El Señor fue fiel como siempre a Su Palabra.
Pero si hay una realidad en estos ambientes que no se dan en las ciudades, donde hay acceso a todas las comodidades, y es la receptividad al mensaje del Señor. En el pasaje del evangelio del 3 y 4 de abril, El Señor se refiere a este hecho de que los judíos de aquellos tiempos, no creían en Su mensaje, inclusive cuestionaban hasta el acto de misericordia de sanar tanto a un ciego de nacimiento como a un paralítico en día sábado. Pero quienes fueron los menos receptivos, los que supuestamente poseían la sabiduría. Inclusive tratan de poner a Moisés por encima de las enseñanzas de Jesús, pero les aseguro que si hubieran estado en tiempos de Moisés, hubieran hecho lo mismo con él.
Este mundo gracias a la voluntad del hombre se ha convertido en un lugar hostil, hacia los que queremos y nos decimos hijos de Dios, pero como le dijo El Señor al profeta Samuel, “no es a ti a quien rechazan, sino a Mi, y quieren cambiar al Rey de Reyes, por un rey de carne y huesos, pero dales lo que te piden”, pero antes les advierte las penurias que deberán pasar, por las cargas que les impondrán esos reyes, pero aún así quieren el rey.
Cuando nosotros decimos frases como esta: desde que empecé a seguir al Señor, las cosas se pusieron muy difícil, Satanás no me deja tranquilo. Esa es una forma de anti testimonio, ya que seguir al Señor es lo más reconfortante, pero dejarse llevar por las corrientes de este mundo, eso sí que es una vida difícil. Recordemos lo que dijo Jesús, “mi yugo es fácil y mi carga ligera”, esa es una realidad de la que soy testigo.
Cuando en tu vida te la pasas, la mayor cantidad del tiempo quejándote, de todo lo que te rodea, es un signo que estás igual que el pueblo de Israel ante Moisés.
Pero si en tu vida cuando llegan esas quejas, ya que es imposible que desaparezcan por completo, en vez de seguir hiriéndote, empiezas a orar y dejas que El Señor te lleve en Sus Brazos, empezarás a gozar de los consuelos que llevaron a los santos a realizar cosas que para muchos son heroicas, pero nada más alejado de la realidad que eso, ya que el verdadero héroe es nuestro Dios, ya que es de Él de donde salen las fuerzas.
Es muy difícil para un ser humano ver en su hermano a un Jesús sufriente, soy también testigo de eso, siempre estamos tratando de sobresalir en todo, es por eso que ver a Jesús en mi hermano es tan difícil. Eso pasaba con el pueblo de Israel, lo estamos meditando en la semana anterior a la semana mayor o sea la semana santa, le han llamado a Jesús, endemoniado, blasfemo, y han querido lapidarlo, y todo por decir que era Hijo de Dios. Jesús da todo los argumentos cuando dijo, Yo no hablo de mi mismo, es El Padre quién da testimonio de Mí, porque Él y Yo somos Uno. Pero no le creen.
Hermano puedes ver las cualidades de tus semejantes y te alegras cuando uno de ellos tiene dones o le va muy bien en sus negocios, aunque a ti te esté yendo un poco mal. Si eso sucede en ti, te digo con propiedad y en calidad de testigo, eres un verdadero hijo de Dios.
No permitas que nada en ti te aleje de las gracias de sentirte hijo de Dios, porque Satanás no tiene el poder para impedir tu gozo, pero tú si tienes el poder de decidirlo.
Dios te premie con el fruto de Su Amor, la paz del corazón
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