El
27 de diciembre hice o quise hacer una evaluación en mi camino de fe. Cuando uno ha tomado la determinación o ha
podido encontrar su verdadera vocación en la vida, el
hombre es capaz de llegar a los más altos sacrificios.
He
querido tocar este punto ya que como dije en otros temas, la
vida de quién quiere caminar a la luz de la fe, es dinámica,
porque es eso, vida, y quién está vivo tiene fe, esperanza y la caridad es realmente el punto
de partida de todas las virtudes.
Jesús es el ejemplo a seguir.
Cuando Pedro estaba en el huerto de los olivos a la hora del
prendimiento de Jesús, y como él era un
líder y ese mismo día había dicho que daría la vida por su Señor (Mateo
26:33-34), le corta la oreja a Malco
con una espada, no sabemos si con la
espada de un soldado, quizás esa sería
la respuesta apropiada, ya que no creo
que Pedro estuviera o anduviera armado.
Jesús no lo hubiese permitido por la respuesta que dio a Pedro (Mateo
26:52). Y aunque no lo diga el
evangelio, sabemos por deducción que
Pedro guardó la espada y Jesús subsanó el error de su apóstol. Y sabemos por los escritos romanos que Pedro
muere no a espada, porque era un judío, sino crucificado como su Señor, en esos mismos escritos también se encuentran las ultimas palabras del condenado, no soy digno de morir como mi Señor y le crucifican pies arriba. Jesús ya les había dado una pista sobre sus destinos mortales o sea la forma en
que iban a morir. Cuando la
madre de Santiago y Juan, le responde a Jesús que ellos pueden beber el cáliz del martirio (Mateo 20:21-23), no había razón para que sus apóstoles no
recibieran el mismo rechazo y condenación que su Señor. Sin embargo el apóstol Juan no muere
martirizado de la misma manera, aunque
su vida fue un tormento, ya que había
sido desterrado y perseguido siempre.
Hay
muchas formas de morir, primero a
nuestras pasiones, eso es indispensable
para seguir a Jesús, luego se vive una
constante hostilidad, de nuestra
carne, el mundo y del príncipe de este
mundo, o sea el demonio. Por eso pienso que El Señor nos advirtió al
decirnos que íbamos a quedar en medio de lobos. La vida en este mundo es eso, una constante hostilidad, si bien es cierto hay momentos que estamos
tranquilos, pero hay otros que no nos
aguantamos ni nosotros mismos, por
decirlo de alguna manera.
La
convivencia es muy difícil cuando estamos sometidos a nuestras pasiones, ya que siempre estamos sintiendo que los
demás nos están persiguiendo o sentimos que somos rechazados o no nos toman en
cuenta. Pero todo tiene la raíz en
nuestra caída o sea el día que decidimos cambiar la Voluntad de Dios por la
nuestra, desde ese momento empezaron
nuestros males. Y Dios sabiendo que eso
iba a pasar, ya se gestaba el retorno a casa, o sea nuestra redención.
Este
es el objetivo de esta reflexión, ya
que la hostilidad que vive todo cristiano puede interpretarse erróneamente, llevándonos a pensar o creer o actuar como
si ser cristiano es lo más difícil, o que aburrido, ya que todo es pecado y todo está
prohibido, y que Dios nos pone cargas
muy duras.
Bueno
el sentir esto no está mal, lo malo
es que por esas creencias lleguemos a pensar que el llegar a Jesús o a Su Reino
es muy difícil o imposible y aunque esto es cierto, no podemos perder de vista que la salvación es Gracia no esfuerzo del hombre.
Esa
es una de las hostilidades a la que somos sometidos por nuestra conciencia a la
hora de confesar nuestros pecados, ya
que no nos sentimos dignos y eso aunque también es una realidad, no debe ser un obstáculo sino más bien una
oportunidad, ¿por qué digo esto?, porque el reconocer nuestras debilidades es
el primer paso en la humildad. (Romanos 3:23-25)
Un
santo dijo algo parecido a esto, (para
mí el día que lo oí, pensé eso parece
blasfemo) y fue “bendito pecado que me
llevó a la redención” creo que fue San
Agustín un doctor de la iglesia que lo dijo.
Ahora lo entiendo, ya para mí en este momento, el pecar aunque
doloroso no es un obstáculo, (claro está
no es una justificación para hacerlo) sino una oportunidad.
¿Porqué
digo todo esto?, porque las personas de
fe o de iglesia, tendemos a ser
puritanos o sea que aunque creemos en la reconciliación y conocemos nuestras fallas, actuamos como si el llegar a la santidad es
un tabú o una utopía, ese pensamiento es
de nuestra carne no del espíritu y menos del Espíritu Santo, que siempre está dispuesto a acogernos, solo falta que lo pidamos.
Por
eso las Palabras de Jesús hay que analizarlas a la luz de la oración y pidiendo
el auxilio del Señor, porque es ahí
donde está nuestra fuerza.
En
mi diario vivir, en muchas ocasiones he
sentido tal enojo, que quisiera tomar
venganza por mis manos, aunque nunca he
sido un hombre agresivo, pero me sé
defender muy bien, ya que fui entrenado
para la defensa personal y esa defensa también incluye agresión. Recuerdo que siempre debido a mi tamaño y
peso era el candidato perfecto para las competencias, ya que casi nunca tenían guerreros de peso
medio. Pero nunca que me acuerde perdí
el control en un combate, ya fuera de
Jiu-Jitsu, Karate, Judo y otros que practiqué, en el transcurso
de 12 años, sin embargo ese era el
éxito en ellos, porque como no me
enojaba actuaba inteligentemente, ya que cuando nos enojamos empezamos a
cometer errores, porque la adrenalina y
el cortisol, inhiben la inteligencia y
empezamos a actuar por instinto de conservación, ya que toda la energía se va a los músculos y
aunque esto es necesario para el hombre y es una defensa, también puede llevarnos a problemas muchas
veces irreversibles, por ejemplo si nos
lleva a matar a alguien. Recuerdo que
tenía un “sensei”, (término en japonés que
quiere decir maestro) que tenía un desplazamiento muy parecido al legendario
Bruce Lee, era muy hábil sobre todo en
los golpes que no eran tanto como el del legendario Bruce, con el golpe de la pulgada, pero era muy rápido en su ataque. El me
decía siempre, en la calle o la
hostilidad que se vive en esta, trata que tu adversario crea que te ganó, lógicamente en una confrontación, algo distinto sucede en un asalto, porque habrás quizás salvado tu vida, porque si te comportas como un buen
combatiente, tu adversario no volverá
de frente sino por la espalda, ya que
sabe que no puede contigo frente a frente.
Entonces estas artes me dieron seguridad, pero me hicieron menos agresivo.
Recuerdo una vez que en un combate de demostración en una academia en San José, Costa Rica, mi “sensei” me dijo antes del combate, como tú tienes más técnica quiero que te concentres en todas las “jodan gueri” eso quiere decir en japonés, patadas a la parte superior o sea la cabeza, él sabía que yo no era una persona muy flexible y todas mis patadas siempre iban al centro del cuerpo o sea las “chudan”. El combatiente invitado era experto en “full contact” era un boxeador con patadas, ellos no son expertos en el desvío de golpes ni usan los “sukis”, que son golpes letales, ya que llevan la fuerza del famoso “chi” en las artes marciales. Bueno esto no es una clase de artes marciales, pero lo que quiero resaltar es que en ese combate, ese luchador de “full contact”, empezó a enojarse y su agresión fue tal, que me golpeó con tal fuerza que al día siguiente se veían moretones en todos los músculos de mi costado (eso fue al día siguiente), pero cuando terminamos el combate, en el camerino me pidió disculpa por su agresión, diciéndome que no sabía por qué se había comportado así, a lo que le dije porque era así, yo pude dañarte en el combate, porque pude partirte una rodilla, pero tu no eres mi enemigo, y esa frase de mi “sensei” anterior repicaba en mi mente. Por ello siempre fui muy técnico, porque aprendí artes marciales, no para dañar a nadie, sino para ganar confianza y una vez ganada esa confianza, ese era mi objetivo, así que me esforcé por tener buena técnica, pero nunca me gustó el combate agresivo ya que son muy pocos, sobre todo en latino américa, que en combate no se enojen fácilmente en el calor del mismo, el mantener la calma en este es crucial para aprovechar las oportunidades. Otro “sensei” que tuve que era japonés, me decía que su academia no iba nunca a los torneos, porque los latino americanos según él, éramos muy exhibicionistas, por ende no eran técnicos, porque perdían el control muy fácilmente por su ego y eso los llevaba a perder la técnica y por ende el combate.
Recuerdo una vez que en un combate de demostración en una academia en San José, Costa Rica, mi “sensei” me dijo antes del combate, como tú tienes más técnica quiero que te concentres en todas las “jodan gueri” eso quiere decir en japonés, patadas a la parte superior o sea la cabeza, él sabía que yo no era una persona muy flexible y todas mis patadas siempre iban al centro del cuerpo o sea las “chudan”. El combatiente invitado era experto en “full contact” era un boxeador con patadas, ellos no son expertos en el desvío de golpes ni usan los “sukis”, que son golpes letales, ya que llevan la fuerza del famoso “chi” en las artes marciales. Bueno esto no es una clase de artes marciales, pero lo que quiero resaltar es que en ese combate, ese luchador de “full contact”, empezó a enojarse y su agresión fue tal, que me golpeó con tal fuerza que al día siguiente se veían moretones en todos los músculos de mi costado (eso fue al día siguiente), pero cuando terminamos el combate, en el camerino me pidió disculpa por su agresión, diciéndome que no sabía por qué se había comportado así, a lo que le dije porque era así, yo pude dañarte en el combate, porque pude partirte una rodilla, pero tu no eres mi enemigo, y esa frase de mi “sensei” anterior repicaba en mi mente. Por ello siempre fui muy técnico, porque aprendí artes marciales, no para dañar a nadie, sino para ganar confianza y una vez ganada esa confianza, ese era mi objetivo, así que me esforcé por tener buena técnica, pero nunca me gustó el combate agresivo ya que son muy pocos, sobre todo en latino américa, que en combate no se enojen fácilmente en el calor del mismo, el mantener la calma en este es crucial para aprovechar las oportunidades. Otro “sensei” que tuve que era japonés, me decía que su academia no iba nunca a los torneos, porque los latino americanos según él, éramos muy exhibicionistas, por ende no eran técnicos, porque perdían el control muy fácilmente por su ego y eso los llevaba a perder la técnica y por ende el combate.
Porqué
les cuento esto, porque cuando conocí al
Señor, tenía 22 años e inmediatamente abandoné las artes marciales, porque desde los 10 años estuve practicando. Entonces ahora soy un guerrero, pero evolucionado y de otro ejercito, el del Amor de Dios. En este ejercito las herramientas son el
perdón, la calma, como dijera Jesús, sean mansos como palomas, pero astutos como serpientes. Pero eso en este mundo no se
comprende, el hombre sigue queriendo ser esclavo de la
ley, o sea ojo por ojo y diente por
diente, el que me la hace me la paga, la famosa ley del talión.
Aunque tengo mucho cuidado, no
escapo a esa tentación sobre todo en este momento que siguen las agresiones a
mi integridad como ser humano. Entonces
hermanos esta lucha es fuerte, pero
bien lo dijo mi hermano San Pablo, todo
lo puedo en Cristo que es mi fortaleza o que me conforta.
Para
actuar así, es necesario orar, leer,
meditar y recibir los sacramentos o sea ese es el entrenamiento, antes corría todos los días 6
kilómetros, practicaba por lo menos 3
días a la semana 2 horas por clase, tanto
ejercicios de cardio como técnicas de combate,
que son denominadas “katas”. Ahora
mi entrenamiento es la oración, lectura
de la biblia, reflexiones, sacramentos y mis técnicas de combate son el
perdón, que lleva a la reconciliación, diría si tenemos cuidado en eso, no perderemos ningún combate. Nuestro Dios no ha perdido ningún
combate, los perdedores son los que no
le creen cuando nos dijo, el amor es la clave del éxito de la nueva
alianza. Para nosotros imposible amar
si Él no es el centro de tu vida, creo
que esa es la única razón por la que hoy sigo siendo un cristiano y sé que no
he visto todavía lo que tiene preparado para los que le hemos creído y lo tenemos como
El Señor de nuestras vidas.
Con
Dios somos invencibles.
Dios
les muestre el fruto de Su Amor, la paz
del corazón
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