Empiezo citando la crisis existente, en muchas actividades en la que nos desenvolvemos. Cuando empezamos este año y por su nomenclatura 2020, me dije en mi interior y lo compartí con algunos amigos, en mi saludo de fin de año e inicio del nuevo año, determinándolo como el año de la vista perfecta, en términos oftalmológicos. Sin poder saber que sucederá un segundo adelante del tiempo que vivimos. Todos vivimos en dos realidades o quizás tres para ser exactos, en lo que hemos vivido, lo que viviremos o lo que estamos viviendo. Teniendo nosotros control quizás de una sola, porque lo que ya vivimos, nos ayudará en el actuar futuro, que incluye lo que vivimos o viviremos, lo futuro forma parte de una esperanza de un ideal, un sueño, que puede depender de nuestro actuar en el presente.
En el ambiente espiritual, es denominado como el cronos y el kairos, que no es más que los vocablos que ayudan a definir, los tiempos que afectan nuestra realidad. Siendo el cronos, el tiempo en que estamos enmarcados los seres humanos, que es el tiempo del día a día, en el cual entra el pasado, presente y el futuro. Pero el Kairos, es conocido como el tiempo de DIOS que se encuentra en un eterno presente.
Nuestra vida puede cambiar en un instante. Es por ello que los que creemos en un poder superior, que puede cambiar hasta lo imposible. nos sentimos protegidos y confiados. Pero cada paso puede ser interpretado por muchos, como buena o mala suerte, siendo la suerte un tipo de acertijo que puede ubicarse, según el tipo de circunstancia que estemos viviendo.
En estos días, que busco razones para acontecimientos en mi vida, llegó un escrito en que se definía o puede interpretarse como una ilustración a esta realidad.
Se cuenta que en casa de un agricultor que era considerado muy sabio y reflexivo, había un caballo, que se extravió un día y su esposa le dice, que mala suerte, ese caballo servía tanto para transporte, como para el trabajo de la pequeña granja. A lo que el campesino responde, mala suerte, buena suerte ¿quién sabe?, después de unos día apareció el caballo con una potranca o yegua, su esposa alegre dice, que buena suerte que apareció el caballo y trajo una yegua que puede aumentar nuestras posesiones, a lo que el campesino le responde, buena suerte mala suerte, ¿quién sabe?. En esa granja y familia había un muchacho, que era hijo de la pareja y un día, decidió montar la yegua y esta como no había sido montada nunca, empezó a dar saltos bruscos y tumbó al muchacho, siendo la caída casi fatal, dejando al muchacho mal herido, producto de esto, quedó cojo para toda la vida. Su madre a tal acontecimiento, responde que mala suerte, su padre responde, mala suerte, buena suerte, ¿quién sabe?. Al tiempo se origina una guerra en aquella región y todos los jóvenes de aquel paraje, son llamados a alistarse en el ejercito para defender su país, pero aquel joven fue rechazado por la condición física que le impedía realizarse como soldado, pero sucedió que todos los soldados o muchachos reclutados, murieron en combate, entonces su madre a tal acontecimiento dice, que buena suerte, el campesino vuelve a repetir, buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?. Esta historia que quizás sea producto de la imaginación de alguien, nos deja muy claro, que no tenemos el control de las cosas, lo que parece desafortunado, puede ser algo mejor para después, y viceversa, lo que parece bueno para el momento puede ser un contratiempo para después.
Les cuento esto, porque esta misma historia con diferentes escenarios, me llegaron en el lapso de una semana. Y me puso a reflexionar, sobretodo en esta situación, que todos vivimos actualmente.
He estado experimentando, en estos últimos días unos ataques de mucho enojo, pero al nivel de estar dispuesto a darme de "piñazos" o de golpes, en su efecto, como nunca he tenido que llegar a tales extremos, lo he hecho con el recurso de mi voz, con insultos y agresiones verbales. Y créanme no es agradable y no me hacen sentir orgulloso de esa actitud, pero al termino de unas horas, después que se me baja el enojo, he podido reflexionar y sacar conclusiones sobre este instinto, más propio o producto de la no evolución, o del razonamiento que hemos recibido como seres humanos. Recordaba a San Pablo, cuando pidió a Su DIOS que le quitara, no sabemos que situación, pero debió ser algo muy desagradable para el apóstol, lo hizo orando y suplicando tres veces, que es una expresión muy utilizada por JESÚS, siempre que quería que algo impactara en la vida de sus discípulos, pero por lo que sucedió sabemos que él sintió que no fue escuchado. Esto lo llevó a hacerse la siguiente pregunta, ¿porqué dejo de hacer lo que quiero y hago lo que no quiero?, o hago el mal que no quiero y dejo de hacer el bien que quiero. El SEÑOR le responde con la siguiente frase, "bastate mi gracia que mi Poder se perfecciona en la debilidad", frase que lleva a San Pablo a decir más adelante, cuando soy débil soy fuerte, porque CRISTO es mi fortaleza.
En este punto me encuentro. Hay momentos en que el ser humano se siente muy espiritual, muy sabio, o que es bueno. Ante esto hay que tener cuidado porque puede ser un signo de alarma, ya que ello nos puede llevar a creer, cuando todo nos sale mal, que somos lo peor o que para nosotros no existe el perdón y eso a su vez, nos lleva a juzgar y condenar a nuestros semejantes, todo es una cadena, que a su vez es parte de los mandamientos que el SEÑOR JESÚS nos dijo, Amarás al SEÑOR tu DIOS con todo tu corazón y fuerzas y a tu prójimo como a tí mismo. Así que si perdemos la perspectiva de amarnos a nosotros mismos, sin ser egocéntricos, empezamos a tratar a los demás como nos tratamos a nosotros mismos cuando fallamos.
Este es un tema que pareciese muy simple, pero es más complejo de lo que se cree, dijo el SEÑOR, el corazón del hombre es la cosa mas difícil de conocer.
Cuento esto, porque con el tiempo y estudio de los pasos de JESÚS, que tengo, veo en estos momentos la grandeza de estas situaciones en el ser humano, el reconocer que no podemos confiarnos en nuestras fuerzas. Es como que DIOS me dice ¡cuidado!, ¡cuidado!, ¡cuidado!. Tu fuerza debo ser YO.
También en mi desempeño como profesional, estoy sujeto a esta realidad. Soy un buen trabajador, soy confiable, honesto y celoso por el buen desempeño. Pero a veces creo, que quizás soy un hombre sin suerte porque no tengo el trabajo que merezco o las casa que requiero etc, y esta es una conclusión sin reflexión, lo sé, pero esa realidad sigue latente en mi comportamiento. Es esto lo que me identifica con mi hermano San Pablo.
Creo estar contento con mi situación, porque DIOS, en el fondo de mi ser, siento, lleva el destino de mi vida y ese es un tesoro añorado por muchos aunque no reconozcamos, que en el fondo Él Es y debe ser el motivo de nuestra seguridad.
Seguiré ahondando en este tema, en el próximo tema, porque es algo del día a día.
DIOS les muestre el fruto de Su Amor, la paz del corazón.
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