Estimados hermanos que leen estos escritos, los cuales no son más que la validación de que Dios está más cerca de lo que creemos, poco a poco me voy dando cuenta que Él no está cerca, sino que está en mi corazón. Cuando un ser humano puede experimentar esto, realmente Él está ahí.
Algo que quiero aclararles, todos estos escritos son inspirados, no llevan un orden específico, su motivación procede de las lecturas de la liturgia del día, además de todos los signos que Él siempre pone en mi vida, son un reconocimiento a su auxilio permanente, aunque yo sea el mayor obstáculo para que eso sea así.
La guerra con mi carne es constante, he descubierto que mi mayor enemigo no es el mundo o el demonio, sino mi carne, ya que Satanás no puede tomar decisiones por mí, él lo sabe, pero nuestra condición de pecadores y nuestro pecado, le dan poder sobre mí. El Señor me ha ido capacitando, en el perdón, la empatía (ponerse en el lugar del otro), para mí, el mayor mal que aqueja a la humanidad es el resentimiento, gracias a este, entra por ejemplo la lujuria, el satanismo, brujería, nueva era a nuestro corazón.
No soy un experto en exorcismos, pero cuando una persona empieza a perdonar, empieza una liberación. Recuerdo el testimonio de una hermana religiosa en Honduras, un país centroamericano, que se le pidió orar por una mujer que estaba en el hospital por un daño colateral, ya que ella padecía de una enfermedad llamada artritis deformante, esta enfermedad tiene la característica de que todas las articulaciones se atrofian y deforman a la persona.
Al empezar a orar la monjita siente que esta mujer tiene que ser sanada de grandes resentimientos. A medida que iba pasando la oración se percataba que ella odiaba a muchas personas, a sus padres, a la mujer que le quitó el marido, vecinos, bueno era casi interminable la lista; la oración duró como 2 horas y media, cuando esta mujer pudo con la ayuda del Señor, perdonar, empezó a caminar sanada completamente de su mal. El perdón es sanador.
El resentimiento fue la causa de la perturbación de aquel espíritu llamado Juana que atormentaba a mi esposa, cuando ella jugó con la ouija, bueno esto no es un juego, pero así le llamaban en mis tiempos. Primero expulsaron el demonio, pero la sanación se fue dando paulatinamente, a medida que iba perdonando. Instantáneamente ella fue liberada de la epilepsia, y no tomó más medicamentos.
El ser humano se reciente, por todo lo que pretenda denigrarlo o como dicen en mi país, el juega vivo, eso no es más que pasar por encima de mi semejante, o sea primero yo, segundo yo y tercero yo. Esta sociedad en que vivimos, se ha acostumbrado a vivir sin Dios, como nosotros somos hijos de un Rey, Él nos trata como hijos únicos, y los hijos únicos son primogénitos también, eso nos da la condición de reyes inmediatamente. Pero si no lo sabemos, ni sentimos la protección de ese Rey, estamos vulnerables y es ahí donde entra a trabajar la debilidad, los complejos y tantos males.
No soy un hombre ejemplar, ni presumo de serlo, pero siempre trato de no ser injusto con los demás, para ello, no me gusta tomar el puesto de nadie, le llamamos en Panamá “colarse”, que no es más que pasarle por delante a otro en el menor descuido.
Algo que me disgusta y por ello tengo que hacer muchas oraciones de perdón, es con los conductores, que cuando esperamos la luz verde en un semáforo y uno está en la fila de número 10 y el que está detrás o sea el número 11, inmediatamente se prende la luz verde empieza a sonar la bocina del automóvil, y no de la manera más cordial, eso es mi tendón de Aquiles, o sea mi debilidad, he estado a punto en infinidades de veces de bajarme del vehículo y agarrarme a golpes con él. Para evitar hacerlo, ya que un cristiano debe ser siempre un canal del Señor, para mi defensa, cargo las puertas con su cierre de seguridad, por ejemplo en el BMW, para abrirla tengo que jalar la manigueta de la puerta dos veces, a la primera no se abre cuando está asegurada, además siempre cargo la ventanilla cerrada, para evitar ofensas verbalmente.
Conozco muchos hermanos que cuando estas cosas pasan, empiezan a agredirse verbalmente a ellos mismos, porque no quieren ofender al Señor, y otras miles de condenas.
He aceptado mi condición de pecador, eso no justifica nada, pero sé que peco porque soy pecador, esa condición no me abandonará mientras viva en este mundo de pecado esa es la verdadera cruz de la que habla Jesús. He aprendido a ir al Sagrario a solas y ahí decirle al Señor todas mis quejas, por ejemplo me descargo diciéndole a ese Dios amado, ¡Señor yo quiero matar a este tal por cual, por haberme ofendido!, y a veces no esa noble frase tal por cual, casi siempre uso este “hp” y no es “Hewlett-Packard”. Esto parece grosero, pero he descubierto y ustedes también ya lo verán, que cuando uno ha comido algo y le ha caído muy mal, o sea una congestión estomacal, lo mejor es vomitar, una vez vomites empiezas a aliviarte, con el resentimiento ocurre lo mismo.
Siempre digo que todo cristiano practicante, debe tener un amigo de confianza y un confesor claro está, porque a veces esa descarga tenemos que hacerla con alguien que nos comprenda, una de esas personas que me ha regalado El Señor, es mi esposa, he tenido muchas veces que pedirle perdón, aunque ella tiene una vida de oración, no es tan intensa como la mía, y yo tengo que darle un ejemplo, pero mi debilidad está en mi carne, sin embargo la capacidad que ella tiene de oír y no salir lastimada, es el amor, ella me ama y he podido comprobar que es un Amor del Señor, ya que en ese momento no hay cuestionamientos, reproches, malas palabras, ella se limita a oírme, pero siempre al final, queda una gran paz en el ambiente. Así sucede cuando discutimos como pareja, siempre se motiva un diálogo y si nos hemos ofendido, nos pedimos perdón, y borrón y cuenta nueva, todo se olvida, eso me garantiza que ese Amor no es mío es de mi Señor.
Hay personas que cuando tu las ofendes, y al reflexionar le vas a pedir perdón, empiezan a decirte, “después que me ofendiste quieres justificarte con una disculpa”, ¡mide tus palabras antes de decirlas!, ¡no se puede recoger las palabras dichas!, eso es cierto, pero también es soberbia, ya que no hay nadie libre de pecado que pueda tirar la primera piedra.
Hermanos yo me he aceptado como soy, y sé que mi condición de pecador no me abandonará hasta el día que llegue a la patria celestial, si hermano porque ese es mi destino, y para llegar solo su Gracia y Misericordia me bastan.
El Señor le dijo a Pedro cuando este le preguntó cuantas veces tenemos que perdonar, hasta 7 veces dijo Pedro, y Él Señor le contestó no hasta 7 sino hasta 70 veces siete, que es lo mismo que decir siempre.
Cuando rezamos el Padrenuestro y llegamos a la parte del perdona mis ofensas como yo perdono a los que nos ofenden, siempre hago un alto ahí, ya tengo una práctica y no pierdo el hilo de la oración, para revisar ese compromiso, porque si yo no perdono, soy un embustero y eso es pecado. Jesús también dijo cuando lleves tus ofrendas al Altar y tienes alguna queja con tu hermano o le has ofendido, deja ahí tu ofrenda y anda reconcíliate con tu hermano y vuelve a presentarlas.
Jesús resumió los mandamientos en dos, Amarás Al Señor tu Dios con toda tu mente, con toda tus fuerzas y con todo tu corazón, y el segundo, a tu prójimo como a ti mismo. Quién ama no ofende y si ofende por nuestro pecado, pide perdón y perdona si te ofendieron, entonces serás hijo de Dios que hace salir el sol para los buenos y los malos.
No te frustres, si caes, ¡levántate!, podemos perder una batalla, pero no la guerra, recuerda que Nuestro Dios es El Señor de los Ejércitos, y nunca ha perdido una batalla.
Te digo y me digo a mi mismo, lo mismo que Él Señor le dice a la pecadora en la casa de Simón el fariseo, anda tus pecados te quedan perdonados, porque has amado mucho.
Si esto ocurre en tu vida, serás un ser humano libre y podrás amar libremente, pero con un amor como el de nuestro Dios.
Dios los bendiga y les de su Paz
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