Gracias a la situación que estoy viviendo desde hace mucho tiempo, voy a profundizar un poco en una frase que cité en mi escrito anterior, fue dicha por Jesús en la cruz y es parte de las siete palabras pronunciadas por Él en esa agonía, me refiero a la cuarta palabra “Dios Mío, Dios Mío, porqué me has abandonado”
Además también profundizar en lo que dije en el escrito anterior.
Resulta ser que hoy recibí una noticia que me ha llevado a situarme en ese momento de la agonía de Jesús. Mi agonía no es desesperación, pero si se sitúa en ese desierto que comenté anteriormente.
Cuando te quedas sin opciones en la vida (mira que no digo sin fe ni esperanza), empezamos a sentir que estamos como perdidos en el desierto, donde solo hay arena, un gran calor en el día además de un sol calcinarte, y en la noche un frio insoportable, además de nada de agua, algo vital para nuestra subsistencia, sin comida y lo más tétrico la soledad, la cual tiende a llevarnos a la desesperación. Muchos intentan tomarse la orina, pero en vez de hidratarse, se deshidratan, por la salinidad de la misma. Esa es una condición no envidiable por nadie.
Nuestro Señor, pasó 40 días en el desierto, pero era una situación controlada por el Espíritu Santo, ya que el pasaje dice, una vez bautizado por Juan el Bautista en el Jordán, y haber visto descender el Espíritu Santo en forma de Paloma, fue enviado por Este a un lugar en el desierto, donde pasó 40 día y 40 noches, como en tiempos de Noé, que llovió la misma cantidad de tiempo.
Parece ser que Dios le agrada que el hombre o la mujer vayan al desierto, pero no un desierto donde hay solo desesperaciones, queja, y tantas cosas que los hombres sentimos ante tal adversidad y desolación. Sino más bien a ese estado de necesidad, pero eso no se queda ahí, el siguiente paso es la confianza y la confianza nos lleva al abandono en los brazos de Dios, por eso Jesús dice al final, “Padre en Tus Manos encomiendo mi Espíritu”, y al tercer día Resucitó. Ese es el triunfo para la Gloria de Dios, pero esto no se refiere solo a la partida de este mundo, recuerden que Jesús dijo El Reino de Dios ya está entre ustedes. Hermanos después de esa muerte, y gracias a Su Sacrificio, entramos y tomamos posesión del estatus de hijos de Dios, eso es poseer los Tesoros del Reino, esa es la verdadera Voluntad de Dios. Por eso los escritos de Luisa Piccarreta han sido tan reveladores en esta búsqueda.
Bueno estoy situado en ese momento, donde me quedé sin opciones, esto no es nuevo, vengo padeciendo desde hace 4 años, pero esta es la etapa más fuerte, pero llevo 30 años en esa batalla. Entonces he llegado a la conclusión, mi situación no es por falta de fe como lo dije anteriormente, porque de no haber fe, me hubiera quedado en el camino (realmente, he vivido, este año de la fe, que culminó el 24 de noviembre de 2013), esperanza la hay, pero en ese Dios que todo lo puede, además en cada día después de hablar con Él, se renuevan las dos (miren que ni siquiera he tocado el amor). He experimentado un fenómeno, que siempre me ha mantenido en constante espera, de su manifestación, pero hay tiempos en que me siento bien, hay otros momentos en que estoy bien, pero rodeado de muchas hostilidades, gracias a mi tiempo de oración y contemplación que no ha permitido que las emociones intervengan en ella, ya que si estoy triste oro, si estoy contento oro igual, esto ha mantenido la llama encendida.
He querido profundizar en este tema, ya que quizás estás pasando por alguna situación difícil en tu vida, y te encuentras igual que yo, quizás una enfermedad terminal, o algunas situaciones donde se te han acabado las opciones, por ello has llegado al borde de la desesperación, al no encontrar salidas. Puedo animarte con plena convicción, estás en ese desierto, tus problemas te han quitado toda tu seguridad. Pero hay una buena noticia, estás en un momento de gracia, entenderlo en este momento es casi imposible, pero si te dejas guiar por el Espíritu Santo como Jesús, descubrirás cosas que han estado ocultas a los hombres, y que Dios te quiere mostrar.
Si fuera un hombre sin Dios, en este momento estaría renegando y quizás blasfemando, pero esa no es mi actitud.
En un escrito anterior recibí comentario dolorosos, y me preocupé, ya que no es la intención de mis escritos el descalificar a nadie, y mucho menos búrlame o jugarles una mala broma a quienes han leído mis vivencias, tampoco ser una piedra de tropiezo para nadie, ya el Señor es bien duro con los que escandalizan a estos pequeños, cuando dijo esta frase tan fuerte, “más le valdría que le ataran una piedra de molino al cuello y los echaran al mar”. He dicho que estos escritos son mi diario, la vida de un parroquiano.
Tengo que detallar mi situación actual, para poder ir al grano.
El viernes pasado solicitamos al banco la liberación de una línea de capital de trabajo para iniciar la cosecha del café, ellos me dicen que solo había que firmar unos pagarés, y quedamos claro; hoy llamo, ya que no había recibido respuesta, además esa transacción es rápida. Me informan que están revisando la línea y que necesitan terminar de hacerlo para liberar los fondos. Eso nos desestabilizó inmediatamente. No hay ninguna queja ante el banco, ya que en nuestra situación no podemos hacerlo, eso dilataría más la cosa, y ellos ponen las reglas.
(Si quieres profundizar en todo esto, tienes que leer prácticamente como 40 escritos, ya que empecé la narración en un momento de crisis, allá por el 2011)
He querido poner todo lo que hago en las manos de mi Señor, por eso he dejado el tema del amor para el final, ya que es el más extenso.
He detectado en estos últimos meses, la hostilidad en todos los ambientes, voy a contarles una situación. Sucedió el domingo 24 de noviembre en la misa de clausura del año de la fe, (fiesta de Cristo Rey del Universo), además en mi parroquia las primeras comuniones.
Era el encargado de leer las moniciones, y todo marcha bien, pero sucedió un incidente donde el sacerdote se dirige a mí de una manera un poco tosca, y en frente de toda la asamblea, yo me sentí un poco incómodo, pero guardé el debido respeto. Claro una vez terminó la misa, me fui a mi casa y por el camino empezó la carne a trabajar, algo me decía, como toleras que te traten así y enfrente de todos y muchos más pensamientos hostiles. Pero ya sé cuál es la medicina para estos casos, el perdón, y lo hice. Al día siguiente fui a la misa de 7:00 a.m. y el celebrante era este sacerdote, me tocó leer, y todo bien, mi corazón ya no estaba cargado. Al terminar me acerqué a saludarlo, entonces él me dice que lo perdonara por ese acto del día anterior. Entonces pude verificar una vez más el poder del perdón, que grande es el Señor.
Un sin número de casos como este me han azotado todos estos últimos días, pero el perdón ha sido el protagonista en todos ellos. Puedo decir con seguridad en mi corazón no hay el más mínimo resentimiento hacia nadie, por eso doy gloria a Dios, ya que es su gracia no es crédito mío.
Era necesaria esta larga introducción, para revelarles como me siento en este momento. Tengo una paz inimaginada, solo comparada con aquellos millares de hombres y mujeres que murieron a manos de verdugos, pero murieron alabando a Dios. Doy fe de ese Poder, que no tiene nada que ver con la resignación, es protección pura, solo alguien que se siente amparado por Dios, puede sentir esto. En este momento mantengo la calma, tengo paz en mi corazón, porque aunque estoy en ese desierto, en mi corazón escucho un suave murmulla que me dice que no estoy solo.
Hermanos Cristo es la respuesta a todas las necesidades, pero el pecado de nuestros padres Adán y Eva, que quisieron cambiar la Voluntad de Dios por la suya, nos tiene en este valle de lagrimas, pero ya no estamos al garete, Jesús pagó el precio para redimirnos de ese pecado y llevarnos de nuevo a nuestra patria. Ya somos vencedores porque nuestro Dios nunca ha perdido una batalla, mucho menos la guerra.
Qué alegría siento poder hablar de esto en este momento y no sentir la menor duda del auxilio del Señor. Ese es el Amor al que me refiero y es donde tomó fuerza esta frase dicha por Jesús “qué padre que su hijo le pida un pedazo de pan le da una piedra…”, cuanto más su Padre celestial que sí que es Bueno les dará el Poder de hacer milagros, de revivir muertos, sanar enfermos, porque esa es la Misión del Espíritu Santo.
Aunque estemos en ese desierto, y nos sintamos abandonados, derrotados, pero sintamos Su Presencia, saldremos victoriosos por Aquel que llevó nuestras cargas en la cruz y por Sus Llagas somos libres de toda opresión del diablo.
Si pudiera explicar o razonar mi situación, no podría, ya que el amor es muy difícil de explicar con palabras, para no decir imposible, solo hay una manera de entenderlo, y además es un paso obligado, ¡experimentarlo!
Quizás me he vuelto loco, pero esa locura es el fruto de tantos minutos, horas, días y años, en busca del Rostro del Señor.
¡VIVA CRISTO REY!
El Señor les premie con el fruto de Su Amor, la Paz del corazón.
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