Podría decir como lo hacen las jóvenes que llevan un diario, al empezar todas sus narraciones y acontecimientos, querido diario, pero como cristiano escribo, estas son las vivencias de un hombre que ha descubierto que sin Dios no puede vivir.
Desde la última narración, he experimentado una alegría que no puedo describir, aunque realmente no tengo muchos motivos aparentes que me lleven a tal manifestación. Como les he contado tengo muchas cosas más, por qué preocuparme, que por no hacerlo. Sin embargo en la vida de un seguidor de Cristo, que ha vivido los auxilios de Él, no debe haber contrariedad posible, que me aleje de su consuelo.
El día sábado 4 de enero, por las tantas ocupaciones, no pude hacer las habituales oraciones que vengo haciendo desde hace muchos años, sin embargo he tenido un diálogo tan fructífero con mi Dios, que me llevó a vivir lo que nuestra Madre María ha dicho en muchas apariciones y revelaciones, tienen que orar en todo momento, que lindo descubrir que mi oración ha llegado a esos niveles, pero no se confundan, no son niveles de una gran espiritualidad, sino más bien a niveles de una total dependencia de Su Gracia.
En esa nueva experiencia, pude ver reflejado el fruto de tanta insistencia. Cuando empecé este tiempo fuerte, leía el pasaje donde El Señor le dice a sus apóstoles, refiriéndose a Juan el Bautista, “El cielo está sufriendo violencia, solo los violentos lo arrebatan”, al meditar este pasaje me di cuenta que para llegar al cielo, tengo que tomar una opción radical, porque si no lo hago, las muchas vicisitudes de la vida, nos arrebatarán esa oportunidad. Soy consciente que no es deseo del Padre Celestial que ninguno de sus pequeños se pierda, o sea, Él ya tiene una opción por Amor. Entonces con esto sé, que Dios siempre quiere, si pierdo esa opción, no es por Él.
Hay cristianos que viven echándole la culpa de sus pesares a Satanás, y tienen razón, pero se han ido a la última de las oposiciones, hay una frase de Jesús que dice que los últimos serán los primeros, podríamos aplicarla a lo que les quiero compartir. Los enemigos del hombre según la escritura son, la carne, el mundo y el demonio, hay que tener muy claro ese orden, sin embargo, ese que está de último, tiene injerencia en los dos primeros. Si tú o yo, no somos consientes que nuestro mayor enemigo no es el demonio, sino nuestra carne y el pecado que se genera en ella, eso el demonio lo sabe muy bien, entonces el poder del demonio no es sobre mí, sino sobre el pecado, por ello, si no estamos amparados por la gracia, puedo decirlo con propiedad, estamos condenados.
Jesús dijo muchas veces que Él ha vencido al mundo, además él último enemigo vencido fue la muerte, que llegó al hombre por su pecado. Pero Satanás no pudo tomar una decisión por nuestros padres Eva y Adán, el los sedujo y ellos cayeron; claro está, por su inocencia, ya Dios se los había advertido, pero Satanás, dice el Génesis, era el más astuto de los animales del huerto o sea representada en la serpiente. El hombre mientras se mantuviera en la gracia de Dios, estaba protegido, pero una vez que apartó su vista de Él, cayó, y la paga fue la muerte.
Satanás no tiene poder sobre nosotros, si hemos sido justificados por la gracia. Uno de los pilares de nuestra Iglesia san Juan Crisóstomo dijo, (esto está en el catecismo) que es imposible que un hombre o mujer que oren, pueda pecar. ¿Por qué diría esto, o mejor dicho, como pudo llegar a esta conclusión?, muy sencillo, él comprendió muy bien que nosotros no nos salvamos por merito alguno, sino por la gracia. Si tu y yo permitimos que nuestro Jesús reine en nuestros corazones, me pregunto, ¿quién podrá acusarnos?, entonces hermanos es muy poco el poder de Satanás, o mejor dicho no hay poder en él, que pueda alcanzarnos, si estamos bajo el paraguas de la Gracia de nuestro Dios, Él si que tiene Poder. Si somos libres por la Sangre de Jesús, que poder tiene la carne, el mundo o el demonio, ¡NINGUNO!, el poder de ellos se lo otorgamos tu y yo, entonces de quién nos tenemos que cuidar, de nosotros mismos, esa tarea es imposible realizarla, por nuestros medios, por eso el mundo está como está y por ello Satanás ejerce tanto poder sobre el ser humano, porque no hemos dejado a Dios Reinar en nuestros corazones.
Soy un testigo de lo que he compartido con ustedes, y lo he comprobado en estos últimos días, aunque ya lo sabía, pero El Señor me lo ha mostrado con mayor fuerza. Les voy a contar que pasó.
Como les conté en el relato anterior, en nuestro país, han sucedido en estos últimos días, situaciones trascendentales, que me llevaron a hacerme varias preguntas. Bueno a causa de estas situaciones, mi padre que desde hace 23 años, 4 meses y 5 días trabajamos juntos, y muy pocas veces hemos tenido diferencias, las tuvimos en estos últimos días. En la noche del día que celebramos la Epifanía del Señor, (esta palabra significa manifestación) por un comentario que mi padre hizo a mi esposa, comprendí que Satanás estaba tratando de indisponer a mi padre conmigo, ¿cómo lo descubrí? Porque cuando mi esposa me hace el comentario, empecé a intranquilizarme, pero yo sé lo que tengo que hacer, primero perdonar, si me he sentido ofendido, segundo orar, así que pasé orando y meditando gran parte de la noche, allá por la cinco de la mañana, sentí el deseo de hablar con mi esposa e hijos y ponerlos al tanto de la situación, a mi hija no tuve que levantarla, ya que ella había sentido el deseo de levantarse temprano, algo muy inusual en ella que duerme mucho, (en Panamá están los jóvenes en vacaciones de fin de curso) desperté a mi esposa y empecé a transmitirle mi sentir, ellos me escucharon, como tarea les recomendé que oraran y me ayudaran a discernir. Me fui a misa de 7:00 de la mañana, comulgue y al salir, me fui a casa de mis padres. Al llegar con gran paz en el corazón, hablé con ellos para aclarar los malos entendidos. Al terminar hubo tal unción, que mi padre me pidió perdón y me dijo, si en algo te ofendí no fue mi deseo hacerlo. Hermanos, que unción he vivido todo el día, por ello no he podido esperar un minuto más para dar testimonio de la fidelidad de Nuestro Dios.
Sé que estoy en el plan de Dios desde mucho antes de la creación del mundo, pero hoy lo he vivido con mayor intensidad. Por ello sigo firme a lo que mi corazón me dicte, porque sé que Él vive en mí. Como dijo el profeta Elías, cuando se le manifestó un gran viento y ahí no estaba Él Señor y así fue viviendo diferentes manifestaciones ambientales, y en ninguna de ellas estaba Dios, pero de repente vino una brisa suave y agradable y ahí estaba Dios. Hermanos Dios actúa como una brisa suave, y lo hace en tu corazón, Su Voz es un suave susurro, casi imperceptible, solo detectado por el amor.
Déjate amar por Dios, toma la decisión de darle el control de tu vida, y descubrirás, los Tesoros del Reino, lo digo en calidad de testigo, por eso hablo y no puedo callar, y lo gritaré a los cuatro vientos. ¡DIOS ESTÁ VIVO, PORQUE VIVE EN MI CORAZÓN!
Dios les regale el mayor fruto de Su Amor, la Paz del corazón.
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