Los diferentes relatos que he compartido con ustedes, aunque ya lo he dicho hasta la saciedad, son mis vivencias en este caminar hacia la Casa Del Padre.
Desde hace mucho tiempo atrás, me he sentido preparado para ser utilizado por el Poder del Amor de Dios. Por lo menos esa era mi percepción en esos momentos, pero con el transcurrir del tiempo he ido comprobando que eso debe decidirlo Dios no yo.
El compromiso adquirido por mí, en los momentos más decisivos en mi vida, fue conocer y hablar bien de Dios. En el ambiente en que nos desenvolvemos, oímos siempre hablar de Dios, unos hablan, porque han oído y les han trasmitido, ya sean sus padres o algún ser querido, de la necesidad de tomar en cuenta a Dios en sus vidas. Otros han tenido una experiencia con ese Amor misericordioso y sus vidas han tomado otro rumbo, pero en estos tiempos por lo menos en el ambiente donde yo me muevo, muy pocos dicen no creer en Dios, pero se vive como si Dios no existiera, dijera mi párroco un ateísmo práctico. Pero no es mi intención juzgar ni condenar a esta generación.
Cuando San Pedro después de la resurrección de Jesús y antes de su Ascensión a los Cielos, Jesús le dijera Pedro me amas, apacienta mis ovejas y esto lo repitió dos veces más, y Pedro se entristeció por tal insistencia y responde al Señor, Tú lo sabes todo Señor y Jesús vuelve a decirle apacienta mis ovejas. ¿Porqué? Tanta insistencia de Jesús en esto, ahora lo entiendo con una convicción única, el Amor de Dios es eso, apacentador, que es lo mismo que decir Tierno, Suave, Compasivo. En medio de las tribulaciones producidas por la hostilidad de este mundo, del demonio y la más fuerte de todas, que es nuestra propia carne. Se ha perdido el rumbo para encontrar la paz del corazón, tanto nos hablan de Dios, pero vemos muy pocas señales de ese Amor.
Cuando estamos enfermos, perturbados, atribulados, y vamos buscando a ese Dios que es todo Amor, muchos no lo vemos y a veces la búsqueda de ese consuelo se convierte en una hostilidad, y aunque no nos atrevemos a decirlo, por miedo de ofender a Dios, quedamos dolidos, desilusionados. Entonces ahí es donde empieza a tener sentido esa recomendación de Jesús a San Pedro. Quizás pienses que no eres igual, ni tienes la misma misión que él, y tienes razón en eso, pero tú y yo somos hijos de Dios, por ende hermanos de Jesús y en nosotros debe habitar la Fuerza de la Santísima Trinidad.
En la búsqueda de esa Verdad revelada en la santa Biblia, la única aportación que di, fue decir, Señor quiero llegar un día a ser santo, y en mi libertad, le di permiso al Señor de actuar en mi vida, porque sé que fue Él, quien me amó primero. En ese caminar cronológicamente han ido apareciendo estos relatos, que un día inspirara El Señor, para compartir con hermanos que andan en busca de esa vida mejor.
En este caminar me he encontrado con muchas frases hostiles o malas interpretaciones, una de ellas es que el cristiano o la vida cristiana es un calvario, con la frase repetida por muchos, “el cristianismo es de valientes”, esa frase me causó en un momento de mi vida, una especie de frustración, ya que nunca me he considerado valiente. Otra frase que causó hostilidad en mi vida, ha sido la de que el camino cristiano es muy duro y que los santos son héroes de nuestra fe. Con esto no quiero desvirtuar a mis hermanos o mejor dicho las interpretaciones o conclusiones que han surgido de sus vidas.
En estos momentos tengo mis propias vivencias en respuesta a esas inquietudes o afirmaciones. Voy a empezar por lo de valientes, no soy valiente, sino más bien cobarde, además no quiero sufrir, pero gracias a esto me he visto en la necesidad de entregar esas debilidades y Él las ha convertido en fortalezas.
Otra de ellas es el asunto de nuestra condición de pecadores, esa es una realidad en la vida del ser humano, que nunca podemos dejarla de lado, pero hay una gran diferencia para los que hemos entregado nuestras debilidades Al Señor, Él las ha transformado en fortalezas. Ya lo he comentado, pero lo voy a citar otra vez, en el catecismo de nuestra iglesia, que es una revelación en discernimiento, como era el caso de los apóstoles con Jesús, Él les decía: a los demás les hablo en parábolas, para que viendo no vean, pero a ustedes se las doy digerida, o sea les explicó los Tesoros del Reino. De esa misma forma el catecismo nos revela esos tesoros. San Juan Crisóstomo dijera que un hombre (entiéndase también que al referirse al hombre está incluida la mujer), que ora es imposible que peque, eso pareciera que estuviera fuera de contexto.
Esta afirmación está en la cuarta parte de la oración cristiana capítulo tercero del catecismo de nuestra iglesia y dice textualmente, el número “2744 Orar es una necesidad vital: si no nos dejamos llevar por el Espíritu caemos en la esclavitud del pecado (cf Ga 5, 16-25). ¿Cómo puede el Espíritu Santo ser “vida nuestra”, si nuestro corazón está lejos de él?
«Nada vale como la oración: hace posible lo que es imposible, fácil lo que es difícil [...]. Es imposible [...] que el hombre [...] que ora [...] pueda pecar» (San Juan Crisóstomo, De Anna, sermón 4, 5).”
Partiendo de esta afirmación, entonces donde queda el pecador ante esta realidad.
Este es el tema que en este momento el Espíritu de Dios, ha empezado a revelarme. Uno de estos días estaba compartiendo con unos hermanos sobre nuestra condición de pecadores, en este intercambio de vivencias, algo detonó en mi interior, cuando llegamos a situarnos en la misa o en el confesionario ante esta realidad. Un hermano compartía que en la misa antes de comulgar el sacerdote nos presenta el Cuerpo de Cristo y hace esta declaración, “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, y nosotros contestamos, “Señor no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya basta para sanarnos”. Dije que algo detonó, debido a que casi siempre los creyentes nos quedamos solo en la frase no soy digno, y eso está bien, porque es una realidad, pero nos cuesta aceptar la segunda parte, pero una palabra Tuya basta para sanarnos.
Hermanos, está claro que no somos dignos. La escritura nos recuerda lo siguiente: Por cuanto todos pecaron están apartados de la gracia de Dios. Esa es una realidad indiscutible, pero Jesús con Su Sacrificio nos limpia, al nosotros creer que solo basta una palabra Suya para sanarnos. Entonces la pregunta del millón de dólares es, ¿por qué? entonces el mundo y nosotros seguimos igual.
Estos días he podido comprobar en mi vida esta realidad, pero con una revelación, que ha traído tal alegría a mi corazón, que no cabe casi en mí cuerpo. Resulta ser que soy muy consciente de mi realidad de pecador, pero la reacción de nosotros ante esta realidad es muy hipócrita y con esto no quiero que nadie se sienta ofendido, porque lo de hipócrita lo digo por mí. ¿Por qué afirmo tal situación?, explico por qué: cuando yo sentía que estaba bien, por ejemplo, estaba orando 7 u 8 horas al día, cumplía a cabalidad con hogar, trabajo, etc., o sea cumplía con aquello que decía san Benito, ora y labora. Me sentía útil, pero sucedía que cuando no me sentía así, empezaba a sentirme mal, empezaban a fluir en mi mente afirmaciones como esta, “yo no soy nada”, “no sirvo para nada”, en resumen me sentía frustrado.
Entonces cuando compartía este hecho con personas de vida de fe, me decían que tenía que estar vigilante y que tuviera paciencia, y esto me llevaba a preguntarme, ¿soy de oración? y muy profunda, además sino tuviera paciencia, ya hasta un tiro me hubiera dado. Esto no lo pensaba para desacreditar lo que me decían mis hermanos, sino que era un quebradero de cabeza dicha realidad.
Entonces un día que había pasado la noche en oración y me sentía tan protegido por el Poder de Dios, me sucede un hecho, una hermana me pide que escuche sus frustraciones, entonces fui y nos reunimos en la iglesia, ella empieza a contarme su situación matrimonial, los problemas de infidelidades, a lo cual empecé a compartir con ella mis experiencias en mi vida matrimonial.
Le contaba que el amor debe ser el pilar de la relación y que ese amor nos lleva al diálogo y la sinceridad. Pero de repente empiezo a sentir un deseo tan fuerte de tener relaciones sexuales con ella y a la vez también, sentía que ella también lo sentía. Bueno gracias al poder de la oración y la Fuerza del Espíritu Santo, la conversación no llegó a más, cuando terminamos de hablar e íbamos salimos de la iglesia, el coro estaba practicando, empecé a sentir una incomodidad, como si hubiera hecho algo malo. Tal fue el impacto que cuando llegué a mi casa tuve que ponerme en oración y le dije al Señor, “Señor, quiero ver a mi hermana como la vez Tú”, bueno al cabo de unos 30 minutos de repente todo desapareció y empecé a ver a mi hermana con un amor de hermano. Esto no terminó ahí, al día siguiente sentí el deseo de hablar con ella, la llamé y nos reunimos otra vez, entonces le dije, hermana he estado orando por tu situación, ya que me había comprometido con ella en eso. Le dije además, el ataque de la carne y el asecho de Satanás, en tu esposo es muy fuerte y él no puede combatir con eso. Entonces empecé a decirle lo que me había pasado cuando conversábamos el día anterior. Quizás ustedes piensen que eso fue una imprudencia de mi parte. Pero miren que no, porque los resultados de ese hecho fueron increíbles, la amistad se hizo más fuerte y realmente en mi corazón sentía a mi hermana como eso, como mi hermana, en El Señor Jesús.
En estos últimos días me han pasado situaciones diferentes, pero donde está involucrado la sinceridad y el Amor de Dios.
Esto me ha llevado a la siguiente conclusión y entendimiento: la aceptación de nuestra debilidad, es producto de un corazón humilde, ¿qué se entiende por humilde?, bueno hasta en esto no estamos claros, muchos pensamos que humildad está relacionado con escasos recurso o sea falta de dinero, además con una persona que no habla mucho. Y aunque eso esté relacionado con ella, se queda corto en su significado. La humildad espiritual es aceptación de mi condición, que no es una justificación ni nos da licencia para pecar, pero si nos lleva a un reconocimiento de que no podemos nada sin la ayuda de la Gracia de Dios. Así que ante el deseo de la carne de fornicar, el antídoto no es la culpabilidad, ni la falsa humildad, entiéndase por falsa humildad lo siguiente: “hay Señor yo se que con esto te ofendo, pero no puedo cambiar” eso es cierto, nunca podrás cambiar, pero para Dios no hay nada imposible.
Cuando yo me sinceré con mi deseo y fui consciente que no puedo batallar yo, empezó a fluir desde mi corazón la Fuerza del Amor de Dios. Entonces lo que El Señor le dijo a San Pablo tomó la importancia requerida, “Mi Poder se perfecciona en la debilidad”, lo que San Pablo dijo después se hizo realidad también, “cuando soy débil soy fuerte porque Cristo es mi fortaleza”.
Hermanos hay que aprender a ser sinceros, pero para ello tenemos que ser hombre y mujeres de mucha oración, porque la oración es un fluir del Espíritu de Dios, ya lo dijo El Señor, “nadie puede llamar a Dios Padre sin la inspiración del Espíritu Santo”, así que cuando alabas, das gracias, El Espíritu Santo está en ti. Además hay que tener alguien de tu confianza para que pueda oír los deseos más oscuros de tu carne.
Tu y yo somos justificados por el Amor por eso no hay ley que te pueda esclavizar, porque nadie puede esclavizar a Dios, y el Verdadero Nombre de Dios es Amor Puro y si ese Amor te toca, entonces ya no eres esclavo del pecado, pero no por tus logros o por tus muchas oraciones, sino porque en ti hay un fluir constante de Dios y eso te da la libertad.
Vive de cara a esa realidad y verás la Gloria de Dios fluir desde tu corazón.
Dios les regale el mayor fruto de Su Amor, la Paz
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