En
las vísperas de la fiesta de Pentecostés,
en la vigilia para ser más exactos,
me ha tocado guiar la oración con alusión a nuestra Madre en ese
cenáculo en las vísperas de esa promesa del Padre a la que se refirió Jesús.
La
liturgia nos propone para esta vigilia varios pasajes de las escrituras, el primero es el de Génesis que nos habla del
caso de la torre de Babel. En este
pasaje podemos palpar, lo apetecible
que es el poder, eso fue lo que sedujo
con gran énfasis a Eva y luego a Adán.
Dios al ver lo que pudo lograr el hombre unido por una sola lengua o
idioma, se dijo, a donde no podrán llegar, pero lo que mueve a Dios es el Amor que fue
el gestor de la creación del hombre, imagen y semejanza de Dios, pero parece que eso no está en el plan de
este hombre, por eso la confusión a que
lo somete El Señor, con el único fin que
este se dé cuenta, que él estaba mejor
cuando vivía en la Voluntad de Dios y que fuera de ella, solo
vivirá en caos y desesperanza.
Ese
poder apetecible le había llevado a la muerte,
pero lo más triste es que este lo
aleja cada vez más del Amor de Dios, es
por ello que en la lectura de Ezequiel también para esta ocasión, en esa visión o sueño El Señor le dice que
profetice sobre esos huesos secos y a cada orden de Dios, el profeta empieza a
declarar, empiezan a suceder cosas,
primero se llenan de carne y viven,
pero les falta ese Espíritu que da la vida plena. Luego sigue profetizando sobre la verdadera fuerza que será derramada
sobre los hombres.
En
ese cenáculo antes del gran día había
confusión, miedo, pero nuestra Madre mantenía en ellos, la
esperanza. De esto no se habla en las escrituras, pero aunque se diga que María era silencio
puro, el mismo es muy elocuente. Esa es la manera del Silencio de Dios.
Estoy
claro en algo, que la virgen sabía en su corazón que Jesús
había Resucitado, aunque no se diga en la biblia que ha ella se
le apareciera como fue el caso de María Magdalena, a esta conclusión he llegado gracias al
pasaje del Génesis cuando Abraham fue
notificado por Dios del exterminio de Sodoma y Gomorra, dijo Dios,
no está bien que no se lo comunique a mi amigo Abraham. El fue llamado por Dios, amigo y nuestra madre ha sido llamada la
nueva Eva, así que conociendo a Dios lo
poco que le conozco, puedo decir con
propiedad, ella ya lo sabía. Sin embargo sus discípulos, no creyeron a los que se les apareció, primero a María Magdalena, ella va corriendo a avisarles y solo Pedro y
Juan, salen corriendo a verificar el
hecho, luego se les aparece a los de
Emaús, y a otros más, pero siguen negando el hecho, el último hecho narrado es el de santo
Tomás. Pero aunque ya le habían visto
Resucitado y habían sido testigos de que era de carne y huesos, como Él Mismo lo dijo, vengan
y vean que un espíritu no puede comer. ¿Creemos
realmente que Jesús ha Resucitado?, esa
pregunta no la puedo responder por ti,
pero yo he creído que El Vive.
Miremos
lo que tuvieron que pasar los apóstoles,
tres años con El Maestro y a la hora de Su Crucifixión, casi todos le abandonan, uno lo delata y recibe dinero por ello, otros lo niega, pero todo sucede para demostrarnos que aunque
andemos con El Maestro, tenemos que
tener cuidado con estar muy confiados en nuestras fuerzas, hay que seguirlo pero por la fuerza del
amor, no como un acto de mi voluntad, nuestras fuerzas nos pueden jugar una mala
pasada y suceder que al momento de la
tribulación, empecemos a negarlo.
¡Jesús
ha resucitado! Pero nos dijo, les conviene que me vaya, para que llegue a ustedes la promesa del
Padre, El Espíritu de la Verdad que los
hará, mis testigos en Samaria, Judea y en todos los confines de la tierra.
Es
el Poder de Dios que se movía sobre las aguas,
solo a la espera de esa Palabra “Hágase” y se hará.
Pentecostés
es esa fuerza que se mueve en su iglesia,
esperando un corazón disponible para hacer su morada en él. Imagínate hermano(a), si esa Fuerza habita en nosotros, que podrá ser imposible, pienso que nada, pero eso no significa que va a estar a mi
servicio, la Fuerza del Poder del
Espíritu Santo se mueve solo a la orden del Amor.
Siempre
he mantenido la fe y la esperanza en ser un día tan dócil a la Voluntad de Dios
como nuestra madre María. Si realmente
morimos como dijera El Señor a Nicodemo,
entonces es Voluntad Suya que volvamos a nacer, pero a una vida movida por Su Voluntad, esa tarea es imposible para nuestras
fuerzas, pero como le dijera El Señor a
Pedro a la pregunta de este de que cómo podríamos salvarnos, a lo que Jesús le responde, para el hombre es imposible, pero para Dios no hay nada imposible.
Es
muy común en las comunidades, que cuando
una persona, abre su corazón y deja
entrar Al Señor, unos se alegren y
otros sientan celos, repulsión, rechazo etc.
Si te llegara a pasar esto, debes
revisarte a la luz del evangelio y buscar los sacramentos, ellos te ayudaran a integrarte y no sentir
que tu hermano es un competidor sino más bien es tu complemento. La Santísima Trinidad, que fue la fiesta celebrada el domingo
siguiente a Pentecostés, no detalla
claramente, La Familia Celestial, Padre Hijo y Espíritu Santo, Tres Personas y Un Solo Dios Verdadero. Ese es nuestro verdadero ejemplo de la vida
que debemos llevar, pero tranquilos no
es con nuestras fuerzas, porque de lo
contrario sería una verdadera utopía.
Hermanos
ser dócil a los impulsos del Espíritu de Dios,
requiere de mucha humildad,
oración, comunión, eucaristía,
reconciliación, entonces podremos
esperar poseer los tesoros del Reino de Dios,
ser sus testigos y portadores de la gracia más grande que existe, necesitar solo a Dios, que no podamos vivir ni un instante sin su
presencia.
La
Fuerza del Amor de Dios, debe ser
sanación total, liberación total, pero nunca olvidar que seguimos siendo
mientras estemos en este mundo vasijas de barro sin cocer, que no es otra cosa que hombre y mujeres muy
frágiles, pero fuertes porque nuestra
mirada está en El Que Todo lo Puede.
Dios
les otorgue el mayor fruto de Su Amor,
la paz del corazón
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