Otro
día en busca del camino correcto hacia la patria celestial, el cual necesita de una constante revisión
de nuestro proceder a la luz de los Sacramentos, lecturas de la biblia, pero sobre todo desde una vida de
oración, ya que ella nos garantiza que
el Espíritu Santo sea el verdadero guía y no nuestras concupiscentes
inclinaciones.
Todos
los temas que he compartido con ustedes,
han salido de las vivencias que me han llevado a validar inmensidad de
pasajes de las escrituras, pero he
podido descubrir en este tiempo que son unos 33 años y dos meses, los cuales cumplo el 20 de octubre, que muchas cosas no solo hay que
conocerlas, sino poseerlas y para ello
no hay una fórmula escrita. Es por ello
que entre más vives, más sed y hambre de
la Voluntad de Dios se apodera de todo tu ser.
Una
de esas necesidades vitales es el llegar un día a vivir en la plenitud de Su
Voluntad. Que fácil decirlo, pero que difícil dejar actuar a Dios o lo que
sería la correcta interpretación de Su Voluntad, la incorporación de ella en la totalidad de
mis actos. Cada vez que contemplo a la
Virgen María, comprendo la real actitud
de una creatura ante su Creador.
A
veces he visto a la Virgen como un ser inalcanzable, debido a que ser dominado por alguien no es
muy agradable, debido a la premisa que
nos planteó Jesús, he venido para darles
vida y vida en abundancia. Todos hemos
experimentado el efecto de esa vida en nuestro proceder, cuando salimos a conquistar el mundo, ya sea en los estudios, matrimonio o algún otro sueño que te ha
invadido desde niño, bueno esa es la
vida a la que me refiero. Dijo el Señor
a mi hermana Luisa Piccarreta que en la
voluntad está la vida. Es ahí donde
quería llegar y es el motivo de mi reflexión.
Si la voluntad es vida, es por
ello que Adán y Eva al recibir de parte de la serpiente la insinuación a tomar
el control en sus voluntades, esto
pareció muy agradable y dulce al paladar en un sentido muy profundo.
Es
ahí donde empezamos a confundir nuestro verdadero sentido en esta viña del
Señor. Estamos claros que el hombre no
nació para ser esclavo, sino para
reinar sobre todo lo creado, pero un
juego de palabras dadas con mucha astucia,
lo llevaron a creer que él es dueño de su destino, ahí empezó el problema, dejamos de ser parte de un Todo y quisimos
ser ese todo, pero de una manera
inapropiada, ya que eso estaba fuera
del objetivo de nuestra creación. Sin embargo
en el Todo de Dios si reinaremos, pero
sacando a Dios de ese todo, moriremos,
entendemos por morir la condenación eterna. Como fuimos seducidos con malicia y sobre
todo de quién vino esa seducción, ya que
quién ha perdido todo tiene el conocimiento de lo que perdió, pero como su pecado fue contra El Espíritu
Santo y viniendo de un ser celestial que desde el punto espiritual era superior
a nosotros, la condena era
irrefutable. No así el caso del
hombre, ya que este aunque pecó, su pecado fue en la carne, por eso la sentencia de que morirás, pero en esa carne, el espíritu tenía otra oportunidad, ya que no fue un pecado espiritual como el
de Luzbel y sus secuaces. Por eso fue un pecado contra el Espíritu Santo, ya que todo lo que es de Dios o vive bajo Su Poderío es por la Fuerza del Espíritu Santo no hay otra forma.
Entonces
desde ahí, empezó una lucha carne contra
espíritu, siendo el espíritu más fuerte
lo dijera Jesús, pero hay una debilidad
palpable, la carne. Entonces la única
forma de vencer esa carne, es imitando
todas las enseñanzas de Jesús, que vino
a enseñarnos o a guiarnos para que podamos ser libres, pero hasta ahí llega la Misericordia de Dios, en mostrarnos, pero depende de nosotros, primero que todo creerle, pero la muerte en la carne se tiene que
dar. Entonces seguimos siendo engañados
por ella, porque ella sola es esclavizada, ya que como lo dijo Jesús, el espíritu está dispuesto pero la carne es débil, nuestra debilidad es la carne, pero la carne sola, o apartada de Dios, que es lo mismo. Porque la carne siempre estará sujeta, ya sea a Dios que nos brinda la mejor
alternativa, o al pecado que es
comandado por Satanás que está muerto,
ya que es un espíritu condenado y lo condenado es muerte eterna. Por eso es necesario morir a la carne, pero eso no lo entendemos muy bien los
cristianos. Pensamos que el morir es
cuando desaparezcamos de la faz de este mundo y nos lleven este cuerpo mortal al panteón. Bueno esa muerte se dará, pero no solo de esa forma, hay una muerte más dolorosa que esta, ya que esta puede ser temporal, porque tenemos una promesa de Jesús quién
muera en Él, vivirá. Pero hay una muerte
necesaria para poder alcanzar la vida y no es la muerte física, ya que si fuera así, o sea el único requisito el morir, entonces Jesús no hubiese venido a decirnos
lo que nos dijo. Hay un misterio implícito
en el nacer de nuevo, que llevó a
Nicodemo un doctor de la ley y custodio de las enseñanzas de la fe en
Israel, a una descalificación por
parte de Jesús al querer explicarle lo de la muerte y la necesidad de nacer de
nuevo, por eso le dijo tú un maestro de
Israel no sabes lo que significa nacer de nuevo.
Todos
de una manera u otra somos Nicodemo,
quizás no somos maestros de Israel,
pero no entendemos lo de morir y volver a nacer, o lo limitamos solo a nuestra ausencia de este mundo.
He estado en muchos funerales y en mucho de ellos se habla de que el difunto se ha
ido a la casa del Padre, me he
preguntado si eso es así, todos nos salvaremos, solo basta estar bautizado, hacer una oración sobre mis restos y para la
patria celestial. Eso no es tan así, Dios es Misericordia, pero sin santidad nadie verá a Dios, entonces la pregunta, ¿qué es la santidad? Otro quebradero de cabeza para la humanidad. Todo radica en el morir a la carne y nacer
del agua y del espíritu, ya que la carne
impide al espíritu del hombre volver a nacer,
por eso Jesús lo dijo.
Entonces
este es el motivo de mi reflexión, y
cada día surge esta pregunta ¿He muerto realmente y he vuelto a nacer? Es ahí donde la respuesta empieza a cobrar
fuerza, gracias a los frutos que
experimentamos en nuestras vidas. Unos
de ellos la paz, la alegría.
Hay
paz en tu corazón, ¿puedes ver a tus
enemigos a los ojos y no sentir deseo de matarlos o de maltratarlos? Entonces hay alegría en tu corazón y el
Reino de Dios está en tu corazón.
Entonces
vivamos como hijos, hermanos, amigos del Resucitado Jesucristo de Nazaret, El Rey de reyes y Señor de señores.
Dios
te muestre el fruto de Su Amor, la paz y
alegría del corazón.
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