VIDA DE AMOR Y FE

Mi nombre completo es Eduardo Augusto Taylor Henríquez, nací en la ciudad de Boquete, provincia de Chiriquí en la república de Panamá, un 4 de junio de 1961. A los 22 años tuve mi experiencia de fe en el centro de retiros espirituales, El Tepeyac, en Granada Nicaragua, en tiempos del régimen sandinista de liberación nacional por sus siglas (FSLN), régimen socialista, yo era en ese entonces un joven estudiante en San José , capital de Costa Rica, y fuí a Nicaragua de paseo, este fue el inicio de una vida de fe que voy a ir narrando, esto ocurrió en 1983 y hoy en día marzo de 2011, estoy firme en mi fe, gracias a la Gracia de Dios valga la redundancia, y puedo decir con convicción, he corrido bien mi carrera he mantenido la fe, solo y gracias a mi mirada en la Santísima Trinidad a la cual doy la gloria y el honor en mi relato.







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martes, 11 de octubre de 2016

EL GENESIS, GRAN REVELACION DE NUESTRA CAIDA, ORIGEN DE LA SENTENCIA II

Pienso que hoy es un buen día para compartir situaciones en la vida de fe.

Un día como hoy en 1968 en mi país se gestó una revolución liderada por el ya fallecido Omar Torrijos Herrera,  quién llegara a ser general de brigada,  como le dijera en una ocasión el también fallecido y presidente en esa ocasión de la república de Costa Rica,  José (Pepe) Figueres a Omar Torrijos,  general de espada virgen,  ( Siendo este último un ejemplo de dictadura civil)  lo que era lo mismo que decir,  general sin batalla.

Hay muchas formas de dictaduras en la historia de la humanidad,  unas han sido con la fuerza de la represión armada y otras por represiones civiles.   Cual de todas es más letal,   yo diría que las dos son altamente letales.   Las armas reprimen y ejecutan sus sentencias acabando con la vida de sus opositores,   otras las civiles utilizan el desprestigio y la murmuración,   pero ya la muerte no es tan rápida como en las armas,   las civiles van carcomiendo la voluntad del hombre y sacando provecho de la mal llamada por el mundo libertad o democracia.  Pienso que aunque tanto el capitalismo como el socialismo son letales,   en el capitalismo y pongo como ejemplo a la nación del norte de América,  me refiero a los Estados Unidos de América.   En Estados Unidos,   se vive una libertad bastante justa,   por lo menos el que la hace y se le comprueba su culpabilidad,  tiene que cumplir su condena.

En países como el nuestro que se llaman entre comillas libres,   aunque hay cierta libertad,   el poder en muchos casos,  puede más que las leyes.   En los países totalitarios,   bueno la balanza se inclina solo hacia un lado.    Con esto no quiero decir y poner por ejemplo a ninguno,    pero en un capitalismo como Estados Unidos,  por lo menos podemos vivir,  teniendo ciertos derechos.

Este tema aunque pareciese fuera de contexto de la vida de fe,  tuve que traerlo a colación porque estoy viviendo situaciones que me llevan a creer que vivo en un país sin ley,   donde cada cual hace lo que más le conviene.   Pareciese que la ley es solo para unos,  y aunque existen los derechos humanos que según las Naciones Unidas son 30,   pareciese que son ignorados por las autoridades encargadas de impartir justicia.

Por todas esta anomalía vividas,  tanto en regímenes socialistas,  capitalistas,   y el híbrido que se viven es muchos países latinoamericanos,   como diría Cantinflas no están ni a favor ni en contra sino todo lo contrario.    Parece una “Cantinflada” la justicia o la mal llamada justicia.

¿Por qué? Se preguntarán ustedes este tema en la vida de fe,   bueno aunque no queramos,  todo cristiano practicante,   tiene que orar por sus gobernantes eso lo dicen muy claro las escrituras. (1 Timoteo 2:1-3).    Así que es un compromiso de todo cristiano orar por sus gobernantes.

Otro pasaje que hay que tener muy claro es el de Jesús que nos dice que no ha venido a traer paz a la tierra sino la guerra (Mateo 10:34-37).   Esto pareciera una contradicción,   pero está muy claro que cuando hay un verdadero compromiso con nuestra conversión o el deseo de seguir las enseñanzas de Jesús que es el Verbo de Dios o sea la Palabra,  vamos a correr el mismo destino de Jesús,  o sea morir pero nosotros tenemos que morir a nuestra voluntad primero que todo,  que representa la carne o la muerte carnal o como dijera San Pablo la concupiscencia de la carne,  o sea las apetencias de esta.

Este es un tema que venimos estudiando en la Palabra de Dios en los últimos días en los evangelios.   Por ejemplo ayer leíamos la carta de San Pablo a los Gálatas 4:22-27 y el evangelio de Lucas 11:29-32.  Las dos son muy actuales en la primera lectura San Pablo advierte que Abraham tuvo dos hijos uno según la carne con la esclava y otro según la promesa con su esposa y declara que se alegre tu que no tienes dolores de parto,  porque son muchos los de la abandonada o sea son más que los de la casada o la que tiene marido.
 .
Como podemos entender esta escritura,  creo pertinente citar el tema que traté hace unos día atrás,  para ser exacto el del 3 de agosto de 2016,  con el título de  “EL GÉNESIS, GRAN REVELACIÓN DE NUESTRA CAÍDA, ORIGEN DE LA SENTENCIA”.  Ahí cite los escritos de Santa Brígida,  pero no sé porque puse uno que no era el que quería mostrar ahora lo cito y pongo el texto correcto.

Capitulo 26
El Señor respondió: ―Me honráis dignamente por toda la creación. Pero, decidme, ¿por qué me alabáis por la raza humana, que me ha provocado más indignación que ninguna criatura? La hice superior a las criaturas menores y por ninguna he sufrido tanta indignidad como por la humanidad, ni he redimido a ninguna a tan alto precio. ¿Qué criatura, aparte del ser humano, no se conduce por su orden natural? Me causa más problemas que las demás criaturas. Igual que os creé a vosotros, para alabarme y glorificarme, hice a Adán para que me honrara. Le di un cuerpo para que fuera su templo espiritual, y coloqué en él un alma como la de un bello ángel, porque el alma humana es de virtud y fuerza angélica. En ese templo, Yo, su Dios y Creador, era el tercer acompañante, para que él disfrutara y se deleitara en mí. Después le hice un templo similar de su costilla.
 Ahora, esposa mía, para quien hemos ordenado todo esto, puedes preguntar: ¿Cómo hubieran tenido hijos si no hubieran pecado? Te diré: La sangre del amor hubiera sembrado su semilla en el cuerpo de la mujer sin ninguna lujuria vergonzosa, mediante el amor divino, el afecto mutuo y el intercambio sexual, en el que ambos habrían ardido, uno por el otro, y así la mujer fecundaría. Una vez concebido el hijo, sin pecado ni placer lujurioso, Yo habría enviado un alma de mi divinidad dentro de él y ella habría engendrado al hijo y lo habría parido sin dolor. El niño habría nacido inmediatamente perfecto, como Adán. Pero él despreció este privilegio al consentir al demonio y codiciar una mayor gloria de la que yo le hubiera proporcionado.
 Tras su acto de desobediencia, mi ángel vino a ellos y ellos se avergonzaron de su desnudez. En ese momento, experimentaron la concupiscencia de la carne y sufrieron hambre y sed. También me perdieron. Antes me tenían, no sentían hambre, ni deseo carnal, ni vergüenza, y sólo Yo era todo su bien, su placer y perfecto deleite. Cuando el demonio se alegró por su perdición y caída, me conmoví de ellos con dolor y no los abandoné sino que les mostré una triple misericordia. Vestí su desnudez, les di pan de la tierra y, a cambio de la sensualidad que el demonio generó en ellos tras su acto de desobediencia, infundí almas en su semilla a través de mi divino poder.
 También convertí todo lo que el demonio les sugirió en algo para su bien. Después les mostré cómo vivir y cómo hacerse dignos de mí. Les di permiso para tener relaciones lícitas y lo hubiera hecho antes, pero ellos estaban paralizados de miedo y temerosos de unirse sexualmente. Igualmente, cuando Abel fue muerto, y estuvieron condolidos largo tiempo manteniendo abstinencia, fui movido a compasión y los conforté. Cuando se les hizo saber mi voluntad, comenzaron de nuevo a tener relaciones y a procrear hijos. Les prometí que Yo, el Creador, nacería de entre su descendencia.
 A medida que creció la maldad de los hijos de Adán, mostré la justicia a los pecadores y la misericordia a mis elegidos. Así me complací, los preservé de la perdición y los crié, porque mantuvieron mis mandamientos y creyeron en mis promesas. Cuando se acercó el momento de mi misericordia, permití que mis poderosas obras fueran conocidas a través de Moisés y salvé a mi pueblo, según mi promesa. Los alimenté con maná y caminé frente a ellos en una columna de nube y fuego. Les di mi Ley y les revelé mis misterios y el futuro mediante mis profetas.
 Después de esto, Yo, Creador de todas las cosas, elegí para mí a una Virgen nacida de un padre y una madre. Con ella tomé carne humana y acepté nacer de ella sin coito ni pecado. Lo mismo que aquellos primeros hijos habrían nacido en el paraíso a través del misterio del amor divino y del amor y afecto mutuo de sus padres, sin ninguna lujuria vergonzosa, así mi divinidad adoptó una naturaleza humana de una Virgen, engendrado sin coito ni daño a su virginidad. Al venir en carne Yo, verdadero Dios y hombre, cumplí la Ley y todas las escrituras, tal como antes se había profetizado sobre mí. 
 Introduje una nueva Ley, porque la antigua había sido estricta y difícil de cumplir, y no fue más que un molde de lo que había de hacerse en el futuro. En la vieja Ley había sido lícito para un hombre el tener varias mujeres, de forma que las generaciones venideras no se quedaran sin niños o tuvieran que unirse a los gentiles. En mi nueva Ley se ordena al marido que tan sólo tenga una esposa y se le prohíbe, durante el tiempo que ella viva, el tener varias mujeres. Aquellos que se unen sexualmente mediante el amor y temor divino, por el bien de la procreación, son un templo espiritual donde deseo morar como tercer compañero.
 Sin embargo, la gente de estos tiempos se une en matrimonio por siete razones. Primero, por la belleza facial; segundo por la riqueza; tercero, por el placer grosero y gozo indecente que experimenta en el coito; cuarto, por las festividades y glotonería descontrolada; quinto, por que aflora el orgullo en el vestir, en el comer, en las distracciones y en otras vanidades; sexto, para tener retoños, pero no para Dios ni para las buenas obras sino para el enriquecimiento y el honor; séptimo, se une por la lujuria y el lujurioso apetito de las bestias. Estas personas se unen ante la puerta de mi Iglesia con acuerdo y armonía, pero sus sentimientos y pensamientos internos son completamente opuestos a mí. 
En lugar de mi voluntad, prefieren su propia voluntad, que se inclina por complacer al mundo. Si todos sus pensamientos se dirigiesen a mí, y si confiaran su voluntad en mis manos y se casaran en temor divino, entonces les daría mi aprobación y Yo sería un tercer compañero con ellos. Pero ahora, pese a que Yo debería de estar a su cabeza, no consiguen mi aprobación porque tienen más lujuria que amor por mí en su corazón. Suben al altar y allí oyen que deberían ser un solo corazón y una sola mente, pero mi corazón se aparta de ellos porque ellos no poseen el calor de mi corazón y no conocen el sabor de mi cuerpo.  
Ellos buscan un calor perecedero y una carne que será roída por los gusanos. Así, estas personas se unen en matrimonio sin el lazo y unión de Dios Padre, sin el amor del Hijo y sin el consuelo del Espíritu Santo. Cuando la pareja llega a la cama, mi Espíritu les abandona, al tiempo que se les acerca el espíritu de la impureza, porque tan sólo se unen en la lujuria y no argumentan ni piensan en nada más. Pero aún mi misericordia puede estar con ellos, si se convierten, porque Yo amorosamente coloco un alma viviente, creada por mi poder, en su semilla. A veces, permito que los malos padres tengan buenos hijos, pero es más frecuente que nazcan malos hijos de los malos padres, pues estos hijos imitan la iniquidad de sus padres tanto como pueden, y les imitarían aún más si mi paciencia se lo permitiera. Una pareja así nunca verá mi rostro, a menos que se arrepientan, porque no hay pecado tan grave que no pueda ser limpiado por la penitencia.
Hablaré ahora del matrimonio espiritual, del que es apropiado que contraiga Dios con un cuerpo casto y un alma casta. En él hay siete beneficios, que son los opuestos de los males mencionados arriba. En él no hay deseo de belleza de formas o hermosura corporal ni de vistas placenteras, sino tan solo de la vista y el amor de Dios. Tampoco hay –en segundo lugar—ningún deseo de poseer nada ni por encima ni más allá de lo necesario que se requiere para vivir sin exceso. Tercero, los esposos evitan las conversaciones frívolas y ociosas. Cuarto, no les preocupa el reunirse con amigos o parientes sino que Yo soy lo único que ellos aman y desean.
Quinto, mantienen una humildad interior en su conciencia y también externamente en su forma de vestir. Sexto, nunca tienen voluntad alguna de conducirse por la lujuria. Séptimo, engendran hijos e hijas para Dios, por medio de su buen comportamiento y buen ejemplo, y mediante la prédica de palabras espirituales. Así, al preservar su fe intacta, se unen ante la puerta de mi Iglesia, donde me dan su aprobación y Yo les doy la mía. Suben a mi altar y disfrutan del deleite espiritual de mi cuerpo y de mi sangre. Deleitándose en ello, desean ser un corazón, un cuerpo y una voluntad y Yo, verdadero Dios y hombre, poderoso sobre el Cielo y la tierra, seré su tercer compañero y llenaré su corazón.
Aquellas parejas mundanas dejan que su apetito por el matrimonio se base en la lujuria de las bestias, ¡y peor que las bestias! Estos esposos espirituales fundamentan su unión en el amor y temor de Dios, y no desean complacer a nadie más que a mí. El espíritu del mal llena a los primeros y les incita al deleite carnal, donde no hay nada más que podredumbre apestosa. Los últimos se llenan de mi Espíritu y se inflaman con el fuego de mi Espíritu que nunca les fallará. Yo soy un Dios en tres personas. Yo soy una sustancia con el Padre y el Espíritu Santo.
Así como es imposible para el Padre estar separado del Hijo, y para el Espíritu Santo estar separado de ambos, así como es imposible que el calor esté separado del fuego, igual de imposible es para estos esposos espirituales estar separados de mí. Yo estoy con ellos como su tercer compañero. Mi cuerpo fue herido una vez y murió en la pasión, pero nunca más será herido ni morirá. De igual forma, aquellos que se incorporen a mí a través de una fe recta y una voluntad perfecta, nunca morirán a mí. Donde quiera que estén, se sienten o caminen, estaré con ellos como su tercer compañero‖.
Palabras de la Madre a la esposa sobre cómo hay tres cosas en una danza, sobre cómo esta danza simboliza al mundo y sobre el sufrimiento de la Madre en la muerte de Cristo.    
Fin del capítulo 26

El inicio de este escrito lo hice desde una perspectiva de recuerdo del 11 de octubre de 1968 en mi país Panamá.  Y lo llevé al ámbito de la democracia y el totalitarismo,   porque es ahí donde está según mi punto de vista la raíz de los males de la humanidad entera,  o sea pelear siempre por el poder y el dominio,  y pienso que ese fue el objetivo de todas las enseñanzas de Jesús,  llevarnos al conocimiento de las cosas del Cielo, para tener el parámetro exacto y la diferencia entre el Cielo y la tierra,    pero los hombre muchas veces hemos interpretado las cosas  desde la mente y no desde el corazón.   Entonces hay que dejarse guiar por el Espíritu de Dios,  que nos llevará a la muerte total de la carne y los puntos de vista del ser humano que su corazón no está en el cielo,  sino en las cosas de los hombres,   como lo dijera Jesús a Pedro,   piensas como hombre,  pero lo hizo más fuerte, apártate de mi Satanás,  porque piensas como los hombre y no como Dios.

El socialismo y el capitalismo en sí son producto de ese alejamiento que llega a desvirtuar el verdadero objetivo de Dios para el ser humano,   el ser o el llegar a ser uno con su Creador.   Todo empieza cuando fuimos engendrados,   si desde ahí Dios es erradicado,   entonces desde ahí,   empezamos a poner nuestras miradas,  en el dominio de los demás y entonces el servicio o el entregarse por amor o hacerlo todo por amor empieza a ser un signo de debilidad,   y esa fue la caída de Luzbel, al creer que Dios era débil porque amaba.

La meta de todo hombre y mujer de fe,  es ser un día como lo planeó Dios,  a Su imagen y semejanza.   Lo que es lo mismo que vivir unido a Su Corazón y ser un día según su plan de salvación.


Dios les muestre el fruto de Su Amor,  la paz del corazón.

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