Hoy estoy en la madrugada
reflexionando, ya que en la parroquia
donde asisto hay confesiones, en
respuesta al plan pastoral de la diócesis.
Estamos en la etapa de la reconciliación con nosotros mismos, claro está, este plan es para los bautizados y
catequizados, que siempre tenemos que
reconciliarnos con nosotros mismos,
debido a las hostilidades que vivimos producto de nuestra carne que es
la que ejerce más presión, porque está
comandada por nuestra inteligencia,
memoria y voluntad, además de la
del mundo y cuando estamos a merced de ellas el demonio es quien realmente toma
el control, pero muy sutilmente, ya que es el príncipe de la mentira y
asesino de hombres.
Hoy miércoles de la quinta
semana de cuaresma o sea 5 de abril de 2017,
las lecturas me han llevado a comprender la similitud de las lecturas
del día o sea Daniel 3 y el pasaje de San Juan 8, sobre las hostilidades y los ataques que
ejercían los escribas y fariseos a la integridad de Jesús.
En una homilía que
escuchaba, el presbítero que goza de mi
gran veneración, decía que la vida de un
seguidor de Cristo, tenía que ser como
lanzarse de un avión sin paracaídas,
eso me llamó tanto la atención,
ya que me vi reflejado en esa aseveración, entonces al final de esta agrega que no
tenemos que esperar que todo nos caiga del cielo, porque para eso Dios nos ha provisto de
inteligencia y muchos dones, o
habilidades. Eso es correcto me
dije, pero quedé con una gran pregunta y
ha sido motivo de reflexión desde ese momento,
y es lo siguiente, que hombre y
cuando me refiero al hombre hablo de la creación de Dios o sea hombre y mujer, que utilice su inteligencia y por ende el
razonamiento y por los dones que Dios le ha dado y en ellos está el instinto de
conservación, se lanzaría de una avión
sin paracaídas.
Como les dije respeto y
venero a mis pastores, pero esa
aseveración la encontraba sin sentido,
ya que el instinto de conservación,
no le permite al hombre a atentar contra su vida, porque por la razón y el entendimiento o la
inteligencia como lo quieras llamar, un
acto así es más bien considerado un acto suicida y según los siquiatras sería
un acto de locura temporal.
Entonces empecé a orar y a
reflexionar y he llegado a la siguiente conclusión, el hombre dotado de inteligencia, memoria y voluntad, siendo esta ultima o sea la voluntad un poder
muy atractivo y dulce al paladar como lo era el fruto del árbol del bien y del
mal, era muy apetecible para alcanzar
sabiduría, pero fue el motivo de nuestra
caída, nos demuestra que la
inteligencia, la memoria, aunque son dones, si no llevan implícito el amor, no son nada. No quiero descalificarlos, pero un acto como ese de lanzarse de un
avión sin paracaídas, en un seguidor de
Cristo, nos lleva de la mano de un gran
acto de amor. Me refiero a que el
lanzarse de un avión sin paracaídas,
represente o sea sinónimo de confianza en ese Dios Amor que nos presentó
Jesús o sea Dios con nosotros, un acto
así solo puede ser movido por un gran amor o confianza en ese amor y no tiene
nada de razonable e inteligente para la mente empequeñecida del hombre por la
confianza en sus fuerzas.
Por ello San Agustín un
obispo considerado como un genio de la era cristiana, en busca de esa sabiduría y escudriñando los
misterios de Dios, se encuentra con
este niño que sacaba agua del mar y la echaba en un huequito en la arena y la
curiosidad del santo le lleva a preguntarle que hacía al niño y este le
contestó estoy echando el agua del mar en este huequito, a lo que el santo responde, eso es imposible niño, echar el agua del mar tan inmenso en ese
huequito tan pequeño, entonces el niño
contesta, de la misma manera es
imposible que en esa cabecita tan pequeñita tuya quepa el misterio de la
Santísima Trinidad, ya que San Agustín
estaba escudriñando eso de Tres Personas distintas un Solo Dios Verdadero, hermanos eso quizás lo consideres como una
poesía, o filosofía, pero para el santo representó una respuesta
en su vida de fe. De la misma manera
sucede con nosotros 1700 años después de este santo. Las preguntas para los seguidores de Cristo
siguen siendo un dilema.
Recuerdo también cuando
Jesús le dice a San Pedro a la respuesta de este a la pregunta de Jesús de
quien dice la gente que Soy Yo o Yo Soy,
que San Pedro le dice Tu eres el Hijo de Dios y Jesús le dice
bienaventurado Pedro hijo de Juan o Jonás,
porque eso no te lo ha revelado la carne sino Mi Padre que está en el
Cielo, pero Yo te digo tu eres Pedro y
sobre esa piedra edificaré mi iglesia y las puertas del infierno o hades no
prevalecerán contra ella. Pero un
momento después cuando Jesús empieza a decirles que va a sufrir y será
crucificado, Pedro le llama a parte y
lo reprende para que no siga diciendo cosas irracionales para este, a lo que Jesús le dice atrás de mi Satanás porque
piensas como los hombre y no como Dios.
¿Hermanos creen ustedes que
Pedro fue un insolente? O quizás un mete patas, yo pienso que no, Pedro fue guiado por el instinto de conservación
que es un don de Dios y por su inteligencia que también es un don y por la
razón que es una consecuencia de esos dones y todos ellos nos llevan a tomar
una decisión transcendental para
nuestras vidas. Entonces si
Pedro fue guiado por dones que Dios le dio,
entonces que guió a Jesús para decirle eso que no fue una grosería, sino más bien fue un choque de trenes entre
la voluntad del hombre influenciada por lo ya descrito y El Amor de Jesús en la
Voluntad de Su Padre. Es por eso hermanos
que en las cosas del amor no existe ni la inteligencia, ni la razón vistos desde la voluntad del
hombre.
Solo alguien que realmente
perciba ese amor protector como lo sabía Jesús de Su Padre es capaz de llegar a
los más altos sacrificios hasta la muerte como Jesús una muerte tan cruel, que demostró otros choque de trenes, que los son la voluntad del hombre y la de
Dios, voluntades irreconciliables desde
el punto de vista del poder, pero que
unidas como dicen los hermanos de cursillos de cristiandad, Cristo y yo mayoría aplastante.
Quienes fueron los verdugos
de Jesús, los escribas, fariseos
maestros de la ley, la turba
enardecida, el demonio, tu y yo.
Bueno realmente el verdadero sicario es la voluntad del hombre, por ello Jesús le dijo a Pedro satanás
porque piensas como los hombres y no como Dios.
Soy testigo de lo que eso
significa, ya que he estado enfrentado a los verdaderos instintos del corazón del
hombre, ese es el choque de trenes al
que me refiero anteriormente. Ayer fue
un día muy difícil para mí, en mi vida
de fe.
Desde el escrito anterior
hasta este momento han pasado muchas cosas en la evolución de este
cristiano, le cuento rapidito, en este momento soy operario de radio y además
comentarista radial, nunca me imaginé
tales cosas, pero cuando ponemos nuestra
voluntad en las manos de Dios, Él no te
maneja, sino que te guía por las sendas
del amor y para que nuestra vivencia pueda acreditarnos para hablar de lo que
hemos visto y oído.
No quiero alargarme porque
este tema será de muchos otros más, pero
esta madrugada ya que mi Señor me levanto a las 3:30 a.m. empecé a orar después a leer las lecturas del día, y ahí empecé a sentir su palabra repicar en
mi interior. Mi vida paso en mi mente
con el pasaje de Sadrac, Mesak y Abed-nego, los jóvenes que prefirieron morir que adorar
el dios de Nabucodonosor.
Dios me hablo y comprendí
que la soberbia en las personas que agreden mi vida es igual a la de
Nabucodonosor, y Dios me dijo que estaba
en mi corazón y vería la Gloria de Dios como la vieron estos jóvenes y también el
rey. Todo esto fue completado con el
evangelio donde Jesús habla del que lo envió, y que es un desconocido para las autoridades
que se decían hijos de Abraham y de Dios.
Los hijos de Dios somos
acreditados en el sufrimiento y el desprecio,
esa es la verdadera pasión que vivió nuestro Señor. Creo estar en las postrimerías de 33 años de
lucha y en este momento veo claro que aunque tengo muchos enemigos el más
temible es mi propia voluntad.
Tengo que seguir en otro
momento porque la alegría que me invade y la paz que me ha regalado mi Señor es
tal, que no tengo miedo a la muerte como
mis hermanos en Daniel, porque he puesto
mi seguridad en el Dios que hizo el Cielo y la tierra.
Dios les muestre el fruto de
Su Amor, la paz del corazón
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