El Retiro
Una vez llegamos al retiro, bueno lo primero fue registrarnos, también mi novia fue, luego pasamos con nuestro equipaje a la zona de los dormitorios y una vez todo arreglado pasamos a un salón donde nos dijeron como se iba a desarrollar el retiro, las horas de comida, charlas y horas de descanso.
Todo el viernes fue charlas, dictadas por hombres y mujeres, de una comunidad llamada Ciudad de Dios en Managua, cada vez que salía del salón de royos como denominaban al lugar de las conferencias, crecía más mi expectativa, me acuerdo como si fuera ayer, que un hermano que ya falleció, que por cariño le decían el Chino Mejía, era el hombre más mal hablado que había oído, pero eso me atrajo de él, ya que lo sentía muy sincero y ahí no me equivoqué, así que en un intermedio le pregunté si podría hablar con él, a lo que me contestó que sí, y nos fuimos al patio y empecé a decirle todo el repertorio que tenía sobre la iglesia, el Papa, que el Papa era un inconsciente, ya que había tanta hambre en el mundo y él con anillos de oro, a todo esto él callaba y después de oír todas mis quejas me dijo, con tal serenidad que yo me fijaba mucho en lo que los demás hacían, que si el Papa hacía algo deshonesto no era a mí a quién el Señor pediría cuentas, esa respuesta me toco.
Después me enteré que el chino había sido muy comprensivo conmigo, ya que su personalidad era como la de un amigo que he conocido en el post del padre José Antonio Forte, apodado PACO, un hombre con una habilidad de decir lo que siente sin miramientos. Después entendí que esa es la idiosincrasia de los nicaragüenses.
El viernes por la noche se hizo una oración con el Santísimo expuesto, veía a la gente caer llorando al paso del Santísimo, pero como estaba lejos y como no creía en los santos, y pensando que el Santísimo era un santo chiquito, para mi pasó desapercibido.
El sábado en la tarde se dio el tema denominado el hijo pródigo dictado por un hombre llamado Ballardo Reyes, ese fue el testimonio más impactante que había oído, en su intervención ese hombre que había sido levantador de pesas olímpicas, con un peso como de 300 libras o sea unos 136 kilogramos lloraba como un niño narrando como había hecho que su esposa abortara 3 veces debido a las patadas que le propinó, cuando ella estaba embarazada, él decía ser un asesino.
Cuando salimos de esa conferencia, me preguntaron en la salida, una amigo que conocí ahí que era lanzado de jabalinas olímpico, pareciera que en ese retiro habían muchos atletas, yo era corredor de media maratón, pero no olímpico, pero no podía hablar porque sabía que si hablaba empezaría a llorar y eso era imposible para un hombre con tantos complejos como yo.
En la noche del sábado y después de haber vivido la experiencia más increíble antes vivida, y después de haber pasado por el confesionario y sin saber que iba a pasar, porque ya me lo habían dicho, algo grande falta por pasar, entramos otra vez al salón de royos y en esta ocasión me senté al frente, todas las veces anteriores el último puesto era mi favorito. Así que como a las 7:00 p.m. empezó la oración de sanación interior.
Sigo después
No hay comentarios:
Publicar un comentario