VIDA DE AMOR Y FE

Mi nombre completo es Eduardo Augusto Taylor Henríquez, nací en la ciudad de Boquete, provincia de Chiriquí en la república de Panamá, un 4 de junio de 1961. A los 22 años tuve mi experiencia de fe en el centro de retiros espirituales, El Tepeyac, en Granada Nicaragua, en tiempos del régimen sandinista de liberación nacional por sus siglas (FSLN), régimen socialista, yo era en ese entonces un joven estudiante en San José , capital de Costa Rica, y fuí a Nicaragua de paseo, este fue el inicio de una vida de fe que voy a ir narrando, esto ocurrió en 1983 y hoy en día marzo de 2011, estoy firme en mi fe, gracias a la Gracia de Dios valga la redundancia, y puedo decir con convicción, he corrido bien mi carrera he mantenido la fe, solo y gracias a mi mirada en la Santísima Trinidad a la cual doy la gloria y el honor en mi relato.







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jueves, 8 de agosto de 2013

CUIDADO CON CONFUNDIR LAS COSAS DE DIOS, CON LAS DE LA CARNE


Hoy 9 de agosto de 2013 ciclo C en la liturgia,  no he podido quedarme callado al leer el pasaje de Números 20:1-13,  sigue el pueblo de Israel  quejándose ante  Moisés y Aarón sobre la salida de Egipto,  lugar para ellos anhelado en estas circunstancias,  allá eran esclavos,  ahora son libres y siguen añorando ser esclavos,  realmente su disconformidad es contra  Dios. 

Vuelvo y resalto ¡qué difícil es creerle a Dios!,  han visto prodigios,  señales milagrosas,  pero sigue su incredulidad,  la pregunta es ¿Qué hubiéramos hecho nosotros ante esa circunstancia?,  yo diría sin temor a equivocarme,  que lo mismo que hicieron ellos,  sin embargo en la actualidad,  nosotros no estamos bajo la ley,  gracias al sacrificio de Jesús,  ahora somos tratados,  bajo la ley del amor,  la cual justifica y nos da libertad. 

Pero muchos queremos seguir esclavos y eso lo hacemos cuando dejamos de creer en esa liberación que se obtuvo a precio de sangre,  y una sangre pura,  ya que fue sangre del mismo Dios,  en la Segunda Persona de la Santísima  Trinidad.

No es mi intención darles una homilía,  ya que no soy sacerdote,  ni diácono,  pero les hablo desde la perspectiva de un hijo de Dios que ha recibido tanto y por ello no puedo callar.

Voy a aprovechar esta reflexión para compartirles algo que viví un día que estaba adorando al Señor en el sagrario.  Les he contado en escritos anteriores,  mis 5 años de acontecimientos tan difíciles,  y que mi único refugio era la adoración,  bueno este día había llegado y estaba meditando el vía crucis y en la doceava estación que Jesús muere en la cruz,  empiezo un diálogo en mi interior con Jesús y era tal la ternura que me profesaba,  que empecé a reflexionar sobre ese sacrificio y llegué a la conclusión de que en la cruz no había muerto Jesús solamente,  sino que con Él,  se había entregado también el Amor,  en  su máxima expresión se había sacrificado por mí,  fue tal aquel momento de ternura que las lágrimas corrían por mi rostro de una manera copiosa,  pude sentir la ternura y el Amor de Dios Padre,  Del Hijo y Del Espíritu Santo y sentí que en esa cruz había muerto el Amor que da Vida,   ese Amor no puede morir nunca,  pero fue llevado hasta el extremo.

Unos días después de este acontecimiento,  mi corazón rebosaba de un gozo inimaginado y me fui a confesar y le decía a mi confesor esta experiencia de ternura,  le dije que para mí en la cruz no había muerto solo Jesús,  sino también El Padre,  y El Espíritu Santo,  o sea Dios,  se lo dije con lágrimas en los ojos,   pero el sacerdote me reprendió y me dijo prácticamente que esa era una herejía,   ya que solo murió el Hijo,  yo lo sé padre  le contesté y no quise seguir el tema.  Yo no soy un teólogo por estudio,  y hay muchos teólogos que realmente no conocen a Dios,  aunque mi respeto a los sacerdotes es muy alto,  eso me dolió,  ya que no soy un hereje,  en su lugar soy un loco enamorado del sacrificio de la Redención.   Sin embargo el gozo continuó.  Esas intimidades con Él Señor en momentos de ternura como ese,  han llevado a muchos santos en su caminar, a situaciones muy difíciles.

Vuelvo a retomar el pasaje de Números.  Después apartándose Moisés y Aarón fueron a la entrada de la Tienda de la Reunión y cayeron rostro en tierra,   en señal de adoración y Él Señor habla a Moisés y le dice.  “Toma tu vara y reúne a la comunidad,  junto con Aarón tu hermano.  Hablaréis a la roca a la vista de todos,  y dará su agua.  Harás manar para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado”.

Moisés y  Aarón hicieron como dijo Él Señor,  Moisés tomó su vara,  reunió a la comunidad delante de la roca,  pero sucedió algo que Él Señor no había mandado,  ellos le hablaron al pueblo no a la roca que era a quién El Señor les había mandado a que le hablaran,  en su efecto les dijeron Escuchad rebeldes, ¿acaso podemos hacer manar agua de esta roca para vosotros?  Y entonces  Moisés levantó la vara y golpeó la roca dos veces y manó agua en abundancia y bebieron la comunidad y su ganado.  Entonces Él Señor dijo a Moisés y Aarón,  “puesto que no habéis creído en mí y no me habéis santificado a los ojos de los hijos de Israel por eso no haréis entrar a esta asamblea en la tierra que les he dado”.

¡Oh hermanos!  Nuestro Dios es misericordioso,  lento a la cólera y rico en misericordia,  pero vean lo que le pasó a Moisés y a Aarón,  el pueblo ya los tenía cansados con sus quejas,  pero los hijos de Dios tenemos que ser como es Dios,  ¡Santo! y la santidad es obediencia,  misericordia,  todas esas santidades  envueltas en el Amor.  

Moisés y Aarón ¿cuántas veces intercedieron por el pueblo?,  muchas veces,  ¿los amaban?,  mucho amaban a sus hermanos,  pero aquí se dejaron llevar por el enojo,  aunque ese era justificado,  pero el proceder de Dios no es igual al de los hombres. 

Esto lo podemos comprobar en el evangelio de hoy cuando Jesús le declara a Pedro después de que este le respondiera a la pregunta ¿quién dice la gente que Soy Yo?,  “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia y las puestas del infierno no prevalecerán contra ella”,  pero antes Jesús,  le dice a Pedro,   ante la respuesta de este de que Tú eres  Cristo Hijo de Dios vivo.  “Bienaventurado eres,  Simón,  hijo de Juan,  porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre,  sino mi Padre que está en los cielos.

Me detengo aquí,  para reflexionar sobre la relación del pasaje de la primera lectura con el evangelio  Jesús siempre dio gloria a la santidad de su Padre,  ¡claro! Como declarara muchas veces,  “nadie conoce al Padre como Yo”,  también le dice a Felipe en otro pasaje,  cuando este le dice que le muestre al Padre,  Jesús le responde ¿no me has visto a mi Felipe?  Queriéndole decir que al ver a Jesús hemos visto al Padre.  

A Moisés y  Aarón su acto en la carne les costó,  no entrar con el pueblo a la tierra prometida.   Dios es Amor Puro,  pero no tolera la carne del hombre,  ya que esta es manejable por Satanás,  es por eso que Jesús le dice a Pedro después de las palabras de este sobre la necesidad de que Él padezca y muera,  apártate de mi Satanás,  eres escándalo para mí,  porque no sientes las cosas de Dios,  sino las de los hombres,  esto es repudio de Jesús a la carne del hombre.

Este compartir lleva la finalidad de llamar la atención en cuanto al discernimiento de nosotros los que queremos seguir al Señor,  hay que probar los espíritus siempre,  aprendamos del pasaje de Números y del evangelio,  la carne nos lleva a alejarnos de la Voluntad de Dios.   Recordemos lo que Jesús declaró sobre agregar o quitar algo de lo revelado por Dios en las escrituras y lo enseñe así a los hombres. 

A veces Jesús pareciera muy estricto,  lo que pasa es que los hijos de Dios deben ser dóciles al Espíritu de Dios.  Hay muchas personas actuando en nombre de Dios,  pero por sus frutos los conoceréis dijo Él Señor,  miren el pasaje de ayer,  la cananea,  un poco duro,  pero al final se gana el elogio de Dios y puede gozar de los tesoros del Reino.

Amigos que bueno es depender de Dios,  y que Él,  nos revele su Voluntad,  pero aún en los escogidos,  como Moisés,  Aarón y Pedro con un trato tan estrecho con Dios,  la carne sigue dándoles quebraderos de cabeza.

Concédenos Señor estar alertas a las manifestaciones de la carne y solo dejar espacio a los impulsos del Espíritu de Dios.  Amén

Dios le bendiga,

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