VIDA DE AMOR Y FE

Mi nombre completo es Eduardo Augusto Taylor Henríquez, nací en la ciudad de Boquete, provincia de Chiriquí en la república de Panamá, un 4 de junio de 1961. A los 22 años tuve mi experiencia de fe en el centro de retiros espirituales, El Tepeyac, en Granada Nicaragua, en tiempos del régimen sandinista de liberación nacional por sus siglas (FSLN), régimen socialista, yo era en ese entonces un joven estudiante en San José , capital de Costa Rica, y fuí a Nicaragua de paseo, este fue el inicio de una vida de fe que voy a ir narrando, esto ocurrió en 1983 y hoy en día marzo de 2011, estoy firme en mi fe, gracias a la Gracia de Dios valga la redundancia, y puedo decir con convicción, he corrido bien mi carrera he mantenido la fe, solo y gracias a mi mirada en la Santísima Trinidad a la cual doy la gloria y el honor en mi relato.







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sábado, 8 de marzo de 2014

LAS RIQUEZAS QUE NOS ALEJAN DEL REINO DE DIOS, Y LAS QUE NOS LLEVAN A EL

Recopilando reflexiones,    para tratar de ser luz para los hombres y mujeres en este mundo,   lleno de tantas disconformidades,   es posible solo desde lo que nos dice la lectura del jueves después del miércoles de ceniza.   En  Deuteronomio 30:15-20,  “Yo Soy” nos dice,  hoy pongo ante ti el bien y el mal,  tú escogerás,  si escoges el bien,  nos da unas promesas de permanencia en Su Presencia y Gran Bendición,  de lo contrario nos advierte que pereceremos.   El salmo 1 nos introduce en esa promesa si le hemos escogido a Él.   En el evangelio Jesús advierte sobre su padecimiento y que será rechazado por causa de ancianos de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas,  y ser llevado a la muerte,  pero al tercer día resucitará Lucas 9:22-25.   Además nos advierte también que quién muera por su Nombre también resucitará con Él.  Además nos pone un ejemplo,  de que le sirve al hombre ganar el mundo si se destruye a sí mismo o se pierde.

Todas estas riquezas que nos introducen en este tiempo de cuaresma,  me han llevado a situarme en el lugar de Jesús,  y ver la realidad que nos rodea cada día. 

Recuerdo cuando era un cadete en la escuela náutica de Panamá,  allá por el año 1981.  El régimen era militar,  con la única diferencia de que nuestras armas eran la escoba y el trapeador de pisos.  Cuando caías en desgracia con algunos cadetes de años superiores,  ya sea por cuestiones disciplinarias o simplemente por el hecho de molestar,   un cadete se acercaba y otro llegaba a su lado,  el primero te pedía que te pusieras firme y que sacaras pecho,  entonces te daba un manotazo en la espalda o el pecho con mucha energía,  e inmediatamente después llegaba el otro y hacía lo mismo.  Entonces te preguntaban ¿Cuál golpe fue más fuerte?,   a lo cual quedabas inmediatamente en una posición difícil,  ya que si decías que el primero o el segundo,  venía la represaría del que había quedado rezagado,   el asunto era que cuando por desgracia caías en esa situación,  el que llevaba las de perder era el cadete de menor rango o sea la víctima.

De igual forma sucede en el ambiente hostil en el que vivimos todos los hombres y mujeres hoy en día.   Primero,  en una contienda siempre queremos tener la razón y todos los demás están equivocados,     de esto no se escapa nadie,  solo cuando llegamos a conocernos y nos percatamos de nuestra miseria de  pecado  y que nunca seremos buenos con nuestras fuerzas,  sino que necesitamos de Dios,  entonces nuestra actitud cambia y empieza una transformación.

Hay algo que tenemos que tomar en cuenta,  cuando nos vemos envueltos en una situación de esas.   Si mi defensa es el ataque,  es el primer indicio de que la carne tomó el control,  aunque yo no haya sido el responsable del hecho.  Segundo, si quedo justificándome,   otra alarma se debe encender. 

Hermanos,  Romanos 2 nos advierte que cuando veamos las fayas en otros y caemos en juicios temerarios,  es indicio de que hemos juzgado y condenado algo,  pero el problema no está en el juicio,  sino en que ese hecho nos debe revelar que el problema no está en mi hermano,  sino en mí.   En los juicios humanos,  o sea en los tribunales,  hay un juez,  pero hay un jurado.  El juez dirige el juicio,  en el cual hay un abogado acusador o fiscal y otro que defiende,  cada uno lleva sus pruebas y después del careo,  tanto a favor como en contra,  el que haya sido más convincente,  dará herramientas al jurado para deliberar.  Entonces si el jurado le considera culpable,  el juez tiene la responsabilidad de dictar la sentencia.   Pero nosotros los hombres queremos ser jurado,  jueces  y abogado acusador.  Por eso en nuestro juicio,  sino hemos actuado con misericordia,  nos irá muy mal.

Es necesario si has escogido en tu vida seguir al Señor,   buscar la reconciliación con Dios y con el hermano.

Esta generación,  revelará el Señor,  será juzgada muy duramente,  sino ha practicado misericordia.  Y me pregunto ¿quién podrá practicar misericordia por iniciativa propia?  Yo les aseguro que nadie,  porque el Único misericordioso es Dios,  y si en mí descubro que hay misericordia,  es que El Espíritu Santo habita en mi.

Declarará el Señor  ante aquel joven rico que se acercara a Él para preguntarle que debía hacer para ganarse el cielo.  Jesús le contesta,  y empieza a nombrarles  los mandamientos de la ley de Dios,  del quinto hacia adelante y le nombra el cuarto de último,  a lo que este le responde,  todo esto lo he guardado desde mi adolescencia,  la escritura nos dice que Jesús fijó la mirada en él y quedó prendado de él (que ternura la de Jesús).  Y le dijo: Una cosa te falta,  anda y vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo.  Luego ven y sígueme.  Pero el muchacho afligido por esa propuesta de Jesús,  se marchó triste.  Entonces Jesús declarará,  que difícil es que un rico entre en el Reino de Dios (Marcos 10: 17-25).  Todos sabemos que en el cielo está el Reino de Dios,  pero noten que al inicio no habla del Reino,  sino del cielo.  Me preguntaba ¿por qué? entonces empieza a fluir en mi corazón,  un dialogo con el Señor,  es que el Reino de Dios empieza su morada en el corazón del hombre.  Por ello Jesús ni siquiera le menciona el “Shemá Israel”  que quiere decir escucha Israel,  y posterior a este escucha,  empieza la descripción del primer mandamiento de la ley de Dios.  ¿Por qué Jesús no le hace referencia directa a ese mandamiento?  Primero,  porque esa es una elección y decisión personal,  Segundo,  Jesús conocía el corazón de aquel muchacho y sabía que aunque éste se consideraba bueno,  su corazón no le pertenecía a Dios,  por eso cuando empieza el diálogo con Jesús,  le llama maestro bueno,  entonces Jesús le declara que el Bueno solo es Dios y ¿quién es Dios? El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo una comunidad de Amor.

Todo lo que esté primero que Dios,  en mi vida o en la tuya,   es una riqueza,  a la que hay que renunciar y morir,  cuando descubramos que la única riqueza válida es la fundamentada en Jesús,   esa es la única  garantía para que en nosotros se manifieste el Reino de Dios,   que empieza aquí en esta vida,  no después.   Si ese Reino no está en tu corazón en esta vida,  nunca esperes recibirlo en la otra.  Recuerda que al Cielo no entra nada manchado y las manchas las producen  los tesoros de la carne y los que nos ofrece este mundo.   Satanás que siempre está tras el pecador,   también nos ofrece tesoros,  pero los suyos son en el pecado y la recompensa por seguir sus consejos es la muerte eterna.

Hermanos cada día que paso en este mundo y puedo percibir lo que ha hecho el pecado en mí,  y lo que perdí por dejarme llevar por sus embrujos,  más quiero seguir al Señor y más aborrezco lo que me ofrece el mundo.

Quisiera irme con mi Señor,   pero por amor a Dios y a mis hermanos  sé,   que tengo  que ser luz en esta tierra llena de tinieblas,  y mi inspiración la leí en Romanos 8:18-21  Porque estoy convencido de los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se va a manifestar en nosotros.  En Efecto,  la espera ansiosa de la creación anhela la manifestación de los hijos de Dios.  Porque la creación se ve sujeta a la vanidad,  no por su voluntad,  sino por quién la sometió,  con la esperanza de que también la misma creación sea liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.

Mi corazón en este momento me ha convertido en testigo del Amor de Dios,   ¿por qué? no por mi voluntad o mi esfuerzo,  sino porque he comprendido que aunque me esfuerce y quiera ser santo,  nunca lo lograré por mis fuerzas,  solo su gracia me bastará.  He aprendido en estos últimos días a no luchar yo sino dejar que Dios lo haga por mí.  En mí ha tomado vigencia lo que dijera Jesús: “Mi yugo es fácil y mi carga ligera”.   Esto ocurre gracias a que he entregado mi voluntad a Él y he tomado la decisión de vivir en Su Voluntad,  como vivió Él en la del Padre.

La riqueza más grande que abarca esta vida y la otra,  es vivir en la Voluntad de Dios.

Dios te premie con el fruto de Su Amor,  la paz del corazón

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