Después
de una larga ausencia, debido a
validaciones que mi Señor ha permitido en mi vida, quiero compartirlas con ustedes, los que quizás lean estos relatos
testimoniales, el 15 de enero fue el último compartir.
Siempre
lo he dicho y lo sostengo, la vida de un
seguidor de Cristo, nunca es
monótona, Dios es dinámico y
Creador. Entonces es un constante
aprendizaje y validación de Sus Maravillas.
Las lecturas que nos ofrece la liturgia,
son providenciales siempre.
Los
tiempos que acabamos de pasar, la Cuaresma y la Pascua que disfrutamos en este
momento, además del domingo dedicado a
la divina Misericordia, traen consigo
revelaciones que debemos ponerle mucha atención, traen un mensaje de libertad, además de llevarnos cada día más a gozar de
las maravillas del Reino de Dios. Para
poder gozar de ello tenemos o tuvimos que morir con Él en la Cruz del
Calvario, porque para poder resucitar
con Él tuvimos que morir con Él. Este
relato de hoy, son conclusiones a las
que me han llevado los tiempos litúrgicos vividos.
Un
día en esta Cuaresma, tuve la
oportunidad de reflexionar a la luz de unos videos que aparecen en
“Youtube”, uno del sacerdote argentino
Carlos Spahn y otro ya visto mucho tiempo atrás del doctor Ricardo Castañón, sobre los milagros Eucarísticos, no está de más agregar que cada Eucaristía es
un Milagro.
Voy
a concentrarme por el momento en el doctor Ricardo Castañón, resulta ser que él es un científico
especialista en neurofisiología cognitiva,
que no es más que el estudio de las huellas neurales que dejan los
acontecimientos en la vida de los individuos y sus consecuencias, tanto negativas como positivas.
Una
de esas explicaciones le dio valor científico,
a una revelación del Señor un día que oraba ante el sagrario de mi
parroquia. En un diálogo con mi
Señor. Resulta ser que un día empecé a
sentirme con mucha sed y decidí ir al laboratorio para ver cómo estaban mis
valores, tanto de colesterol, triglicéridos y azúcar en sangre, bueno el resultado fue terrible, todos estaba
por encima de los 300 puntos, entonces
me fui donde un sacerdote en mi parroquia que es bastante tradicional y le pedí
que me diera el sacramento de la Unción de los enfermos, a lo cual me dijo que eso no podía ser, porque no calificaba para ello, entonces le dije, padre,
yo no me opongo a la ciencia,
pero como soy cristiano, quiero
darle la primera opción a mi Señor,
entonces me dijo venga mañana y fui.
Después de esto empecé a experimentar un
alivio y noté que empecé hasta bajar de peso,
sin embargo la diabetes da estos signos a veces, pero en mi caso los niveles empezaron a
mejorar. Ya he hablado de esto en otros
escritos, unos días después de
eso, orando ante el Sagrario, sentí muy dentro de mí una voz que me decía
“te acuerdas que Yo dije que el que crea en Mí,
aunque coma veneno no morirá,
bueno lo que estás comiendo es puro veneno, colesterol,
azúcar etc”. Desde ese día empecé
a hacer la oración por los alimentos con
mis expectativas en esa promesa.
Desde
ese día empezó en mi vida un cambio que hoy veo los resultados, primero por decirlo así empecé a disminuir de
peso, hoy en día después de 3 años he bajado 32
libras, pero en grasa, no en musculatura. Me siento de maravillas.
He
querido dar ese preámbulo para entrar en la experiencia vivida en estos tiempos
transcurridos de Cuaresma y Pascua.
Como
les dije al oír al doctor Castañón en ese video, explicar magistralmente la importancia de la
Dopamina y Serotonina en la fisiología del cuerpo humano, además de la Adrenalina y el Cortisol. Se me abrió el entendimiento de lo que
estaba pasando en mi vida. Cuenta el
doctor que la Dopamina se encarga de centrar nuestra atención en el óvulo
frontal del cerebro y la Serotonina actúa como un regulador de la ansiedad y
además sube las defensas del organismo,
no así la Adrenalina que sube las palpitaciones del corazón y pone a
todo el organismo en alerta, tanto para
atacar o para huir y el Cortisol, suple
de azúcar a los músculos para reaccionar dándole energía para actuar, además de bajar las defensas, ya que todo quede concentrado en darle
respuesta a la necesidad de los músculos.
Una
vez recibida esa sabiduría, empecé a
encontrar respuestas fisiológicas a una cosa que ha pasado en mi corazón.
Voy
al grano…
Toda
mi vida de cristiano, me ha dado muchas
satisfacciones, las mismas motivadas por
las promesas del Señor. Voy a referirme
al perdón, esa es la causa de muchas
enfermedades y contrariedades en la vida.
Dice el doctor Castañón que cuando por ejemplo usted llega a una casa y
es tratado cortésmente o es tratado cortésmente en cualquier lugar, el cerebro responde fisiológicamente
segregando Dopamina y Serotonina, que
la Dopamina hace al hombre más inteligente,
concentrado toda su atención en el óvulo frontal del cerebro y que la
Serotonina sube las defensas del organismo además de combatir la ansiedad, por lo menos esas son unas de las mayores
consecuencias. No así cuando somos
tratados malamente, porque ahí la
respuesta de nuestro cerebro es de Adrenalina y Cortisol, que la Adrenalina sube los latidos del
corazón y que todo el sistema queda vulnerable,
ya que el Cortisol empieza a suplirle azúcar al músculo para darle
la energía necesaria para reaccionar.
Esta
reacción fisiológica del organismo,
tiene una fuente espiritual desde el punto de vista del Amor. Es ahí donde empezó mi discernimiento de lo
que ha pasado con mi organismo. Desde
el día que el perdón se convirtió en una herramienta de mi diario vivir o mejor
dicho, le creí a mi Dios con respecto a
perdonar 70 veces 7, como se lo dijo a
San Pedro. Comprendí porqué ya no me
enfermo desde hace 6 años, además de
empezar a bajar de peso y vivir una vida más feliz.
He
tratado de compartir esto con muchos hermanos,
pero es allí donde quería llegar,
gracias a las lecturas que nos presenta la liturgia para estos tiempos.
Los
discípulos de Jesús muchos anduvieron 3 años con el Maestro, vieron innumerables prodigios y
señales, pero cuando llegó el momento
de la verdad, todos le abandonaron y
cuando por diversas manifestaciones se les dice que ha Resucitado, no le creen a los que aseguran tales hechos, nada más ayer en la liturgia vemos a un Santo
Tomás que representa a la humanidad,
diciendo “sino meto el dedo en sus llagas, no creo”,
a lo que Jesús a los 8 días de esto se les presenta y reprocha su
incredulidad y surge una frase que repetimos mucho en nuestra vida de fe, “ Señor mío y Dios mío”, a lo que Jesús responde, porque has visto has creído, dichoso el que no vio y creyó.
Con
esto concluyo mi relato, ¡qué difícil
es creerle al Maestro!, toda la biblia es
una revelación, pero solo tienen acceso
a esa revelación los que han muerto con su Maestro, que es lo mismo el morir a nuestra
voluntad, solo así, veremos la gloria de Dios, para muestra un botón reza un refrán popular
en mi país, leamos lo que dice la
escritura en este lunes 13 de abril de 2015 ciclo B, Hechos de los apóstoles 4:23-31, salmo 2 y el evangelio de San Juan 3:1-8.
El
problema del ser humano es que aunque dice ser cristiano no le cree a su
Maestro. Permitamos que nos suceda lo
que le dice Jesús a Nicodemo y de ahí en adelante, permitámosle al Espíritu Santo descender como
en los Hch. 4:23-31. Es ahí donde está la revelación del Reino de
los Cielos.
Dios
les regale el fruto de Su Amor, la paz
del corazón.
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